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El cordón se corta por lo más delgado

(Por Diego Carballido) Luego del cese en la producción de la planta Ar-Zinc, a comienzo de este año, y de la convocatoria a una de las medidas de fuerza como hace tiempo no sucedía, el panorama en el cordón industrial no arroja demasiadas esperanzas.

Cuando alguien viaja a través de la Ruta 11, saliendo por el norte de Rosario, cuesta distinguir el comienzo y el final de cada una de las localidades que van pasando a su alrededor. Una sucesión de ciudades a las que se las conoce como el cordón industrial. Fray Luis Beltrán es una de ellas.

Una localidad que concentra a casi 15 mil habitantes y con un enorme predio en el centro ocupado por una fábrica militar. Muy cerca del límite entre Beltrán y San Lorenzo funcionaba la única planta del país que producía ácido sulfúrico y zinc, más conocida como Ar-Zinc. En febrero de este año la fábrica dejó de producir y le comunicó a sus 420 obreros que prescindiría de sus servicios, dejando a la deriva a cientos de familias y a la economía de esta pequeña localidad en jaque.

Efectos colaterales de la alegría

La liberación de las retenciones a las Mineras que realizó el gobierno nacional produjo el desinterés de la multinacional proveedora de la materia prima por seguir operando con el establecimiento ubicado en el cordón industrial, por lo tanto, Ar-Zinc cayó en una situación de crisis repentina.

En el otrora ingreso a la planta, hoy en día, un pasacalle raído por el tiempo aún exige el cese de los despidos. El mensaje cubre el frente de una carpa improvisada que agrupa a los ex trabajadores y oficia de lugar de encuentro para las decisiones en conjunto. Construido con nylon negro y palets de madera, y justo delante de la garita de entrada de la empresa, se emplaza este precario lugar de resistencia que ya cumplió casi seis meses.

Los ex obreros de Ar-Zinc sostienen su reclamo, aunque en sus semblantes se trasluce el agotamiento de seguir combatFoto 1iendo contra la falta de respuestas y los avatares del clima. Nos cuentan que se dividieron en turnos, de la misma manera que cuando estaban en actividad, para que la visibilidad por el reclamo no pierda vigencia. No niegan que por momentos la situación se vuelve tensa y surgen algunas discusiones, producto del tiempo que ya llevan acampando. El mate que no deja de pasar de mano en mano, un tablón improvisado que oficia de mesa, un televisor puesto en volumen bajo en algún canal de noticias y el intercambio constante de las dificultades que cada uno debe sobrellevar a diario.

“Fuimos a una audiencia con la empresa pero no llegamos a nada. Si ellos hubiesen despedido a los compañeros y les pagaban el cien por ciento de la indemnización nosotros no estaríamos en la carpa. Pero pagaron sólo el cincuenta y hoy, seis meses después, quieren pagar el resto sin tener en cuenta la inflación” aclara César Velázquez, uno de los delegados.

Sólo ha quedado un puñado de trabajadores resistiendo porque la mayoría ha llegado a un acuerdo, aunque César cuenta a Sin Cerco que desconoce las características en las que se llevó a cabo. Según el delegado, las condiciones de retiro no se hicieron a través del Sindicato y del Ministerio de Trabajo, sumado a que durante su firma los obreros no recibieron el asesoramiento de un profesional de las leyes. Una situación similar se dio con los despidos, ya que cada uno de los trabajadores recibió en febrero una carta documento donde se lo desvinculaba de la empresa “por razones de fuerza mayor” pero no se mencionaba que la empresa dejaría de funcionar.

Dentro de la planta, la custodia de una vigilancia privada impide el ingreso al predio. “Hay unas cuarenta personas que todavía pertenecen a la empresa, pero ya no se produce más nada”, dice César. Desilusionado por el accionar político de todos los estamentos, el delegado comparte su preocupación y plantea: “Tenemos compañeros de 55 años que les faltan 10 años para jubilarse. ¿Dónde van a laburar? Después que dejaron 35 años de su vida en la fábrica se los condena a morirse de hambre”.

Números que preocupan

El diputado provincial Carlos Del Frade fue uno de los integrantes de la Multisectorial que reunió a representantes sindicales y funcionarios provinciales para evaluar la situación en Ar-Zinc. Al ser consultado por el caso, nos arrojó su visión en términos numéricos de las proyecciones a nivel provincial: “Hay cuatro zonas laborales en la provincia que parecen presentar la misma realidad: Gran Rosario que incluye al departamento San Lorenzo y Villa Gobernador Gálvez; Gran Santa Fe; Villa Constitución y Rafaela”. Según Del Frade, los niveles oficiales de desocupación rondan el 9%, sin embargo, aclara que a ese número debemos sumarle la problemática de los sub-ocupados “Allí seguramente rondaremos el 10 %, por lo tanto, nos encontraremos nuevamente con problemas ocupacionales cercanos al 20% de la población económicamente activa”.

El diputado realiza un asiduo recorrido por la provincia y considera que la situación que se vive en el cordón industrial se puede extrapolar a otras zonas productivas donde el panorama presenta eliminación de horas extras, adelantamiento de vacaciones, congelamiento de alzas laborales -es decir, que ya no se contrata más a nadie- y apertura de registros de retiros voluntarios en las medianas y grandes empresas. Sin dejar de lado las consecuencias negativas que traerán el incremento de las importaciones y de los valores en las tarifas de gas.

Para Del Frade, preocupa, en el marco de esta situación, la precariedad con la que se sigue sosteniendo a los trabajadores y remarca: “El nivel de asalariados que no tienen cobertura social es casi del 33% convirtiéndose, según mi visión de la realidad, en el verdadero número que expresa la condición en la que están los obreros”.

Fuente: Agencia Sin Cerco

Fotografía: Sebastián Vargas

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