(PR/Norma Migueles) En la audiencia en la que se dio a conocer la condena a 15 años de cárcel contra Pedro Ortiz y Ontoria por cuatro hechos de abuso a niñas escolarizadas del nivel primario del Colegio Sagrado Corazón donde el religioso era director, las familias de las víctimas también tuvieron algo para decir al momento en que el Tribunal debía evaluar el pedido de prisión preventiva solicitado por la fiscal Florencia Schiappa Pietra.
En el marco de la nueva ley penal, los padres de una de las niñas abusadas solicitaron al Tribunal que se ordenara que se revocara la libertad del condenado señalando que «ha pasado suficiente tiempo en el que se observaron todas las garantías y derechos del acusado». «No queremos que se revictimice más a nuestra hija, ya se juzgó, ahora que quede en prisión preventiva hasta que su condena esté firme», recalcaron.
Sin embargo, el dolor ronco de la madre quedó flotando en el ambiente cuando se levantó y mirando a los ojos al condenado le dijo: «Espero que el infierno en que mantuvo mi hija, lo sufra ahora y muera allí».
En tanto, Débora, la primera denunciante con el apoyo de Cáritas Diocesana y madre de una niña que sufrió los abusos en 5to y 6to grado, afirmó que «el impacto fue tan grande que ese sufrimiento se traslado a su cuerpo y su psiquis. Sintió que este era el momento esperado luego de transitar cuatro duros años en los que la justica se mostraba esquiva a sus reclamos».
«Necesitábamos que llegue este día y por más que sabíamos que íbamos con la verdad, queríamos que un tribunal lo diga. Ahora sentimos un gran alivio porque vamos terminando esta situación. Y no deja de sorprendernos, porque nunca nos daban la razón, siempre las cosas buenas, los derechos eran para él y tuvimos que remarla para avanzar, pero bueno, se hizo justicia y eso es lo importante», agregó la mujer.
Por último, señaló: «Tuvimos el acompañamiento de muchos amigos de las chicas y eso nos hace bien, pero como siempre dije esta lucha no sólo era por mi hija, también porque hubo otras niñas vulneradas que no pudieron denunciar o hablar. Nunca es tarde para hacerlo, para liberarse de esa carga».




