(PR) El tiroteo escolar del 30 de marzo pasado en la Escuela Normal Mariano Moreno Nº 40, en la ciudad de San Cristóbal, Santa Fe, representó un fuerte golpe para la sociedad argentina que consideraba que estas situaciones sólo se vivían en otros países.
Pueblo Regional dialogó sobre esta temática con la psiquiatra infanto-juvenil, Natalia Segre Deleau, especialista en psiconeuroeducación, especialidad que considera esencial para “hacer prevención primaria”.
“Se trata de hablar de salud mental y de poner en la mesa el tema de un modo que la comunidad pueda tener acceso y de esta manera prevenir o dar herramientas para que la gente pueda detectar a tiempo o abordar las cosas que le estén pasando”, comentó la profesional para entrar en tema.
En el avance de la investigación por el ataque en San Cristóbal, surgió la existencia de la denominada “True Crime Community” (TCC), una subcultura digital transnacional que, en determinados casos, sus integrantes exhiben fascinación e identificación con los autores de ataques masivos, a quienes buscan imitar.

En este sentido, la psiquiatra infanto-juvenil consideró que “estos grupos funcionan como cuasi sectas, que van captando a niños y adolescentes, sobre todo a través de las redes sociales. En el TCC, sobre todo, se encargan de hacer una apología del crimen real y del sufrimiento. Hoy en día los chicos tienen muchísimo acceso a esa información”.
En la misma línea de análisis planteó que “cuando nos manejamos en internet tenemos dos cosas: el internet común y la deep web (web profunda), que ahí es donde hay una parte que es legal, que son datos bancarios, los bancos de datos de una universidad, por ejemplo, el email. Pero dentro de la deep web, está la dark web, y ahí pasan cosas donde aparecen muchos de estos grupos”.
De todas formas, la profesional aclaró que no es fácil llegar a estos espacios dentro de la web, pero “generalmente los que llegan son chicos que tienen mucha vulnerabilidad por diferentes situaciones”, y remarcó que el que accede “es una persona que está vulnerable por alguna situación. La adolescencia es una edad de mucha vulnerabilidad, donde ellos necesitan el apoyo, la identificación con el otro, donde son más susceptibles a lo que es la discriminación”.
Avanzando en su análisis, Segre Deleau explicó que “estos grupos lo que hacen es darle lo que está necesitando el adolescente. Le dan contención, le dan escucha, le dan palabras, pero a su vez en esos grupos se van naturalizando cosas como la violencia, la autodestrucción, la agresividad, la autoagresividad. Se naturaliza eso y hasta se promociona”.
Problemática presente
La profesional también ofreció ejemplos de su trabajo a nivel local, y detalló que “en el ámbito de lo que son los TCA (Trastornos de la Conducta Alimentaria), las chicas, hablo de mujeres porque es más frecuente en mujeres, pero se da también en varones, acceden a grupos. Estos grupos están en la superficie de la web. Ellos acceden por un TikTok a un enlace de WhatsApp y a partir de ahí entran en un grupo”.
La entrevistada describió que estos grupos de WhatsApp son una comunidad donde a todos les pasa lo que están viviendo estos chicos, y precisó que “en el caso del Trastorno de la Conducta Alimentaria están los que se llaman Promia y Proana, que son los proanorexia y probulimia”.
De su tarea laboral la psiquiatra comentó un caso en el que una paciente le mostró los diferentes chats que le iban enviando para manipularla y le brindaban distintos consejos, por ejemplo, para enseñarle a vomitar.
Otra modalidad de estos tiempos son las autolesiones (ANS-Autolesiones No Suicidas) que “nosotros las vemos todos los días en el consultorio. Chicos que para poder gestionar la angustia y el dolor se cortan. Se cortan sin una intención suicida. De hecho, el corte muchas veces es con la cuchilla del sacapuntas. Lo desarman, se hacen los cortes, y vuelven a armarlo”.

Para contextualizar toda esta problemática, la profesional apuntó que “hay papás que no registran que su hijo está todo el día encerrado con el celular” y citó como ejemplo: “Tengo pacientes con ocho horas diarias de teléfono, con cinco o seis horas de colegio. Ese chico está todo el día en las redes. He visto chicos de diez años con 14 horas de celular.
Entonces, tenemos que ser adultos responsables que regulemos estas cosas”. Marcando clara posición en este aspecto, Segre Deleau opinó que “desde lo que es la ley, desde el servicio social, cuando un niño menor tiene tantas horas de teléfono, un chico de seis, siete años, con 15 horas de celular, es violencia, es negligencia”, y subrayó: “El celular en la escuela no tiene que existir como tal. La escuela tiene un montón de herramientas para aplicar. Los chicos en la escuela tienen que conectar con el que está al lado, con el docente”.
Entre las señales que hay que observar para estar alerta, Segre Deleau enumeró «el aislamiento, cambios en hábitos como la alimentación o el sueño, el uso muy reservado del celular, cambios en el discurso -más rígido o justificando conductas dañinas- o cambios físicos que llaman la atención».
«Acá lo más importante no es controlar, sino estar presentes, poder hablar sin juzgar, generar confianza y detectar a tiempo cuando algo no está bien, porque en el fondo, el adolescente no busca dañarse, busca aliviar algo que no puede tramitar solo y ahí es donde los adultos y los profesionales tenemos que estar», recalcó.
Como mensaje final la psiquiatra alegó que “la adolescencia es un momento donde el chico busca referentes. Que esos referentes sean la familia, los docentes, los terapeutas. Que no sea gente que está con la impunidad que da una pantalla haciendo daño”.













