(PR) En estos tiempos de cárceles superpobladas y un sistema que no termina de dar soluciones al problema delictivo, la Pastoral Carcelaria de la Diócesis de Venado Tuerto sigue trabajando en la evangelización, acompañamiento y reinserción de personas privadas de la libertad en la región.
Uno de los referentes de la Pastoral es el padre Hernán Carletta, quien desde hace 15 años se sumó a esta tarea que comenzó dos décadas atrás con los primeros acercamientos a la Alcaidía de Melincué para tomar contacto con los internos.
“Esto tiene como finalidad encontrarse con nuestros hermanos que están allí, poder acercarnos en esa realidad tan difícil que están transitando. Lo primero es saber escucharlos y acompañar para que vaya surgiendo el diálogo en cada visita”, comentó el religioso.
Carletta destacó que “lo más valioso es lo que va surgiendo de esa escucha y lo que nos empiezan a contar”, y reconoció que muchos presos no reciben visitas o en ocasiones muy escasas, por la imposibilidad de sus familias de movilizarse cuando son originarios de otras localidades.
En este sentido, el sacerdote apuntó que cumplen también una tarea de especie de correo de estos presidiarios con sus familias. En su caso particular desarrolla tareas en Rufino, por lo cual traslada los mensajes a las familias de reos de esa ciudad.
Por su parte, Daniel Nosinger desde hace dos años todos los jueves visita a los privados de libertad alojados en Melincué: “Fue una sorpresa enorme poder tener este contacto directo con los presos, ver el excelente comportamiento que tienen con nosotros y las infinitas ganas que tienen de ser escuchados. Lo principal es el acompañamiento y llevar la palabra de Dios, porque nosotros vemos a Cristo en ellos, a Cristo tras las rejas”.
Como muestra de la buena recepción que tiene esta actividad de la Pastoral, Nosinger comentó que “llevamos 14 jueves realizando un retiro espiritual, guiados por el obispo (Han Lim Moon) y apoyados por un grupo de curas que nos acompañan”.
Uno de los logros de esta propuesta es “haber conseguido promover el perdón, y sobre todo el perdón a ellos mismos y a gente que odian”.
Del grupo también participa Graciela Boyle, que asegura haber descubierto “en este apostolado que uno se encuentra con realidades muy difíciles, con chicas que vienen de familias desunidas, donde hubo abandono, violencia y con historias muy duras”.
Boyle remarcó que hubo un notorio incremento de la población carcelaria femenina: “Cuando empecé hace tres años había 10 o 12 chicas, y la semana pasada ya eran 35. Es una cantidad que excede largamente la capacidad de camas que hay, con un importante número de mujeres jóvenes, de entre 20 y 25 años”.
En este caso acercar la religión a las presidiarias es más complejo, “son más reacias, entonces terminamos hablando de lo diario, de cosas simples de la vida cotidiana”, y valoró que “lo maravilloso es que cuando nos vamos nos despiden con una emoción y una gratitud que nos llena el alma”.
El otro integrante del equipo de la Pastoral Carcelaria es Hugo Montoya, para quien “poder ir cada jueves es muy valioso, por eso decimos que somos unos bendecidos, porque esta actividad nos llena el corazón. Nosotros como laicos escuchamos y rezamos por nuestros hermanos, pero además quiero agradecer a Cáritas que nos dona ropas y alimentos para poder llevar”.
Otra parte de la tarea de la Pastoral es visitar a los familiares de los presos para también prestarles oído, además de brindarles asistencia en lo que necesiten y actuar como contacto en esas familias separadas.
En este punto aprovechó la ocasión para solicitar la colaboración de la comunidad para que done vestimenta, calzado y alimentos que serán destinados a la comunidad carcelaria de Melincué.
“Este es el encuentro con la persona en toda su realidad, sin ningún tipo de juzgamiento. Nosotros nunca preguntamos la causa por la cual están ahí. El motivo es encontrarnos, poder acompañarlos, y poder experimentar ese Dios misericordioso, que ellos descubren, en muchos casos, ahí y es el que les permite trascender más allá de las rejas”, razonó el padre Carletta.













