(PR/GiulianaGhignone)En 2019 Ana Cavallotti y Lucas Marino decidieron que era momento de dedicarse de lleno a aquello que los apasionaba, cambiar de vida y apostar a trabajar desde su casa en la cocina.
Lucas se formó como Licenciado en Kinesiología y Fisiatría y decidió alejarse de su profesión en 2018. Ana, es Licenciada en Nutrición y siempre estuvo relacionada al mundo de la cocina.
“Empezamos con Sorrentinos Gourmet, sumamos pizzas rellenas y luego bizcochos hojaldrados listos para hornear, que llevan el nombre de nuestros perri-hijos (ElvisCochito: Elvis y Cochito)”, cuentan.
El nombre del emprendimiento tampoco es casualidad, Umami se lo traduce como “sabor delicioso” y se dice que es el quinto sabor, la capacidad que tienen determinados alimentos de hacer que se estimulen al mismo tiempo todas las papilas gustativas en boca. Sensación que con sus producciones esta pareja logra transmitir.
“Los dos disfrutamos mucho de la cocina y es por eso que nos encargamos de realizar todas las preparaciones juntos. Sin embargo, cada uno tiene su trabajo específico para poder organizarnos mejor y optimizar los tiempos. El día que se elaboran las previas, Lucas está al mando de las carnes y condimentos y yo de los vegetales y las masas. El día del ensamble, propiamente dicho, yo me encargo de las masas y armar el packaging y él de rellenar manualmente cada porción de Sorrentinos y envasarlos. Es un trabajo artesanal que demanda su tiempo, ya que el procesamiento de las materias primas, el amasado y el armado de cada porción se realizan manualmente”, explica esta emprendedora.
La cocina es un momento de encuentro, de agasajo, de fiesta y sin dudas así lo viven ellos diariamente creando sus propias recetas a partir de preparaciones que los hayan enamorado y transformándolas en relleno para sus pastas.
La historia de cada uno, se abre paso en esta elección de vida y los recuerdos familiares son en gran parte la inspiración para su arte culinario “Lucas disfruta mucho la cocina porque le encanta agasajar y rememora en cada preparación los sabores de las comidas caseras de sus abuelas, quienes fueron las encargadas de transmitirle ese amor por la cocina”.
“En mi caso, además de haber estudiado una carrera universitaria referida a alimentación, estudié pastelería. Recién recibida de Licenciada en Nutrición, inicié un servicio de viandas saludables con una amiga y colega en el que trabajé por 7 años, también estuve de encargada en la cocina de un restaurante de la ciudad y en 2018 aposté a un restaurante familiar con servicio de viandas en Funes. Desde muy chiquita cocinaba a la par de mi mamá en la mesada de su cocina con una silla a su lado y poco a poco fui incorporando recetas familiares e investigando acerca del mundo de la gastronomía”.
Los detalles están a la vista en cada preparación, la elección de la materia prima, el packaging, el armado de paquetes, el diálogo con sus clientes y la comunidad que lograron hacer crecer en tan poco tiempo en sus redes.
Comenzaron vendiendo en Instagram, luego se creó la primer lista de difusión y llevan ya 5 puntos de venta en la ciudad además de un delivery quincenal para los clientes que desde los inicios eligen estos productos que se venden frezzados para poder disfrutar en cualquier momento. “Actualmente manejamos más de 20 variedades de Sorrentinos y es por eso que no se repiten a lo largo de un mes, por lo que tenemos clientes que esperan alguna variedad en particular y otros deciden llevarse su cajita semanal de la variedad que haya disponible. Con las pizzas rellenas pasa más o menos lo mismo, ya que tenemos 8 variedades diferentes y vamos ofreciendo semanalmente cada una. Y en cuanto a los bizcochos, son un comodín que sale tanto en verano como en invierno y por lo que nuestros clientes nos comunican, tenemos mucho público infantil que los pide y los disfruta”, detalla.
Otra de sus pasiones compartidas, son los viajes y obviamente de ellos surgen siempre nuevas recetas con sabores propios de cada región que recorremos.
“En el último viaje que hicimos por la provincia de Córdoba, nos dieron la posibilidad de elaborar nuestros productos para la venta en el camping dónde estábamos alojándonos y si bien fue una nueva experiencia el trabajar de este modo, lejos de nuestra cocina, nuestra organización y elementos de trabajo cotidianos, la disfrutamos muchísimo y vimos que tenemos muchas posibilidades de hacer lo que nos gusta en el lugar que elijamos”, agrega Ana con emoción.
Una empresa que no tiene techo, dos venadenses con ganas de crecer y de innovar, con ganas e ideas se abren paso en el mundo culinario de la ciudad.