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Caceroleando desde la rabia, la impotencia y la intolerancia visceral

Por Raúl Isman
 
«Ignoran que la multitud no odia, odian las minorías,
porque conquistar derechos provoca alegría,
mientras perder privilegios provoca rencor».
ARTURO JAURETCHE
 
El 13 de septiembre de 2012, era sabido por la amplia difusión que
había tenido la convocatoria en las redes sociales, sería una jornada
de cacerolazos contra el gobierno nacional. No es el objetivo de estas
líneas debatir acerca de la magnitud cuantitativa; si no más bien del
verdadero contenido de la protesta y relatar una anécdota personal.
Al comenzar el caceroleo me encontraba en la barriada de Barracas
dirigiéndome a realizar mis tareas docentes. Se escuchaba mucho ruido
y se veía poca gente en las calles sumada a la protesta.
Cumplidas mis labores, pasadas las 22.30 me dirigí a mi domicilio en
un interno de la línea 39 y me bajé en Avenida de Mayo al 1200.
Caminaban caceroleros desconcentrándose. Me llamó la atención un grupo
de ellos realizando el conocido gesto de Fuck you contra un local
peronista. Me acerqué con prudencia a un patrullero y pregunté que
ocurría. A su vez me respondió un joven bastante calmo y yo cometí un
error que pudo ser fatal. Dijo algo así como que mal los k y le
respondí yo también soy k( y podemos dialogar). Lo que va entre
paréntesis no lo pudo oir porque me empezó a insultar a los gritos y
la mujer que iba con él llamaba al resto a los alaridos: «aquí hay un
k». Rápidamente me rodearon con rostros cargados de odio- siempre
protegida mi persona por la policía- y comenzaron a insultarme en una
demostración de su proverbial indigencia argumental: montonero,
subversivo, hijo de puta trabajá, andate a Venezuela con Chávez,
fueron algunas de las ricas y sesudas expresiones vertidas, mientras
que un grupo de jóvenes mujeres con distinguido atuendo saltaba
futboleramente mientras gritaba se va a acabar, la dictadura de los k.
Por cierto que por su edad, por fortuna no vivieron la siniestra
dictadura 1976-1983, pero los insultos proferidos por sus
co-caceroleantes antes citados nos permiten sospechar que no lo
ignoran. Pero en realidad están de acuerdo y tal defensa del proceso
constituye un punto nodal para explicitar porqué el odio exacerbado
contra Crisitina Kirchner. Sólo recibía un puntapié mientras me subía
al patrullero que me alejó del lugar, pero de no ser por la acción
policial no podría escribir esta nota y ninguna más.
Si durante los cacerolazos del 2008- mucho más profundos y
significativos que los actuales y que ocasionaron el desgarramiento de
la coalición parlamentaria del Frente para la Victoria y la sonora
derrota durante la cuestión de la resolución 125- no fue modificado el
rumbo del proyecto nacional; menos puede suceder por estas modestas
protestas; maximizadas hasta el hartazgo por la cadena nacional de
medios de difamación privada bajo el comando de Clarín. De modo que la
causa real de la protesta no es otra que la impotencia que sienten
frente a un proyecto que no para de brindar derechos a quienes no los
tienen o los perdieron y no se detiene en tal justo menester. Sin ir
más lejos, el día anterior fue anunciado por boca de la presidente el
incremento en el plan social más profundo y significativo en toda
América Latina: la asignación universal por hijo. La sucesión entre la
medida tomada y la protesta sólo distraídamente puede aparecer como
mera casualidad. La demanda de «seguridad» es un taparrabos para
justificar su profundo racismo(muchos cantaban contra los «negros») y
en realidad no se animaban a decir que la seguridad que ellos desean
es la que puede graficarse mediante los falsos positivos colombianos,
los muertos en Méjico o los desaparecidos argentinos. Causa gracias
que se hayan manifestado contra la reforma constitucional. La carta
magna no es una intocable virgen sagrada; si no un pacto político que
debe ser modificada si es necesario. Y la convocatoria de un congreso
constituyente requiere mayorías muy especiales difíciles de alcanzar.
La oposición a la reforma se sustenta no en la adoración de un texto
si no en que Kristina es invencible para cualquier candidato potable
para los caceroludos. Maurizio Macri, De la Sota, Aguad, Alfonsinito
son seguros derrotados. De allí la rabia, la impotencia y la
agresividad de la que yo no fui la única víctima.
Uno de los métodos para que las protestas caceroleantes se diluyan es
aguardar con paciencia que se cansen de golpear sus instrumentos
raramente utilizados para sus fines específicos. Son tan torvos que ni
siquiera pueden dar cuenta que la «malvada» dictadura K protegió en
todo momento su legítimo derecho a manifestarte. Algo que la verdadera
dictadura- que añoran con nostalgia- muy lejos estuvo de practicar.
Pero atención, seríamos muy livianos si nos limitásemos a esperar que
se agoten en si mismos. Tanto odio y agresividad contenidos puede
coagular en la formación de grupos de choque que agredieren a
compañeros que realizan su militancia a la luz del día y sin
protección. Y no sería extraño que empiecen a pensar- si no lo están
maquinando ya- en realizar un magnicidio. Poder económico,
intenciones, vínculos con matones y represores no les falta. Esto debe
ser tema de debate en todos los ámbitos de militancia. Nuestro
gobierno nacional, popular y democrático no puede detenerse. Y vimos
las reacciones que genera. Previsiblemente la intensidad y la gravedad
de la violencia gorila puede ir en aumento. Unidos, organizados y muy
alertas.

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