Finalmente, la fábrica Botiquines Marinelli cerró sus puertas. Tal como lo anticipó PUEBLO Regional, cuando los trabajadores se presentaron a cubrir sus puestos en el Parque Industrial, se encontraron con las puertas cerradas del establecimiento. Solo algunos habían sido notificados con anterioridad, anunciándoles vacaciones obligatorias. Según comentaron, desde hace tres meses se les adeuda el sueldo más las comisiones. “Es algo que jamás había ocurrido, lo cual daba a entender la situación en la que está la empresa», afirmaron.
Los empleados se encuentran en la sede Venado Tuerto del Ministerio de Trabajo, para saber su situación contractual con la fábrica, teniendo en cuenta que esto puede ser la antesala del cierre definitivo de la fábrica.
Durante una entrevista con el programa Dos en la Ciudad, de radio Ciudad, Jorge Marinelli (hijo del propietario de la firma y empleado de la firma) se enteró que la fábrica familiar estaba al borde del cierre. Mientras relataba el proceso de deterioro que derivó en una situación de emergencia, apuntó que las importaciones fueron un factor fundamental para que se precipitara la situación y afirmó desconocer la presentación de la quiebra de la empresa.
La fábrica tiene alrededor de 50 años y trabajan unas 25 personas directamente, que quedarán en la calle. Además, se agregan los empleos indirectos que se vinculan con la empresa. Es un emprendimiento familiar en el que trabajan además los miembros de la familia. “Yo soy un empleado, privilegiado, pero empleado al fin. Digo privilegiado porque quizás no tengo que presentar un certificado o puedo pedirme un día. Pero si la gente cobra con retraso, yo también cobro con retraso, soy uno más”, dice Jorge.
La desregulación llevada a cabo por el gobierno nacional implicó un drástico aumento en los costos que complicó toda la línea de producción y retrajo considerablemente las ventas. El aumento del combustible fue un golpe certero para la producción. “Vos no podés trasladar los costos al producto porque te distancias más de los productos que vienen desde afuera”, afirma.
“Con muchas medidas económicas que se tomaron se agravó la situación. El problema empieza cuando se iniciaron las importaciones, hace más de seis años. Es imposible competirle a productos que vienen de China. Le vendemos a los comercios casi al doble del producto chino, cuando acá un sueldo está en 12 mil o 14 mil pesos, y en China son infinitamente menores, así también los costos de la madera, de la pintura, tienen tecnología superior”, detalló.
La disparada del dólar arrastró los precios internos de los insumos para la producción. Marinelli cuenta que la fábrica empezó siendo un establecimiento muy chico ubicado cerca del colegio Sagrado Corazón y lentamente creció hasta trasladarse al Parque Industrial. Hoy aquella historia parece encontrarse con su final.











