Hay fiestas que nacen como cualquier otra y terminan convirtiéndose en ritual. El «Birra Teresa» ya juega en esa liga. Lo que empezó como una celebración cervecera hoy es, sin vueltas, un evento cultural y social que marca el pulso del verano en la región.

Organizado por la Comuna de María Teresa, y esta vez con temática de carnaval, el encuentro volvió a transformar el Parque Comunal Néstor Kirchner en un punto de reunión real: de esos donde conviven familias, jóvenes, amigos, artistas y vecinos sin etiquetas. Más que “ir a tomar una birra”, el «Birra Teresa» propone disfrutar de un espacio desde la música, el baile y el encuentro.

El line up fue una postal sonora del litoral y de la identidad regional. La Esencia de la Cumbia aportó una mirada actualizada de la cumbia santafesina, con ese ritmo que no pide permiso y empuja al baile colectivo. Furias Tropicales encendió la noche con una mezcla de raíces caribeñas y energía tropical que confirma su consolidación en la escena local. El rock también tuvo su momento con Lobos y Corderos, tributo ricotero que conectó con una de las corrientes más queridas del rock argentino, mientras que Sin Bis e Inoportunos reafirmaron el valor de los proyectos emergentes, esos que sostienen la música en los pueblos y localidades cercanas.

El espíritu de carnaval terminó de explotar con la Murga Legrand Mur, llegada desde Murphy, y la irrupción del Ballet Isabelense, que sumó color, movimiento y tradición, recordando que la fiesta también se baila con identidad.
A todo eso se le sumó un gran patio gastronómico y paseos de artesanos, completando una experiencia que va más allá del escenario: producción, economía cultural y experiencia colectiva.

Birra Teresa convoca, integra y construye. Le da espacio a artistas y bandas, referencia al parque comunal «Néstors Kirchner» como corazón del evento y ya se instaló como una fecha esperada en la agenda del sur santafesino.

En tiempos donde el encuentro es moneda costosa, María Teresa demuestra que la cultura también se brinda, se baila en ronda y se sostiene con políticas públicas que entienden que la fiesta, cuando es colectiva, también es identidad.









