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Final para el Quitapenas: el histórico bar será demolido

El peor final. Demolerán el bar Quitapenas.

El progreso es así, para que lo nuevo se instale, necesita derrotar al pasado, a lo viejo. Y en una ciudad donde predomina el boom inmobiliario, es habitual ver cómo casas entradas en años desaparecen en un abrir y cerrar de ojos para darle lugar a un moderno edificio de departamentos. El mítico bar Quitapenas se empezó a apagar a mediados de septiembre último, cuando cerró definitivamente sus puertas. Y en las próximas horas se convertirá en escombros, una vez que sea demolido y el generoso terreno de Mitre y Almafuerte empiece a ver crecer un edificio de tres pisos más planta baja. Eso sí, la historia de ese boliche no podrá ser derrumbada.

Bar de humildes obreros, de bebedores empecinados que llegaban en bicicleta y se quedaban horas en busca del trago que saciara la sed, aunque el regreso a casa fuera sinuoso. Juan Carlos Had fue el único dueño que tuvo el Quitapenas, que se inauguró en 1981. El boliche “abría sus puertas todos los días a las 6 y muchos parroquianos antes de ir a trabajar se tomaban la copita, a las 13 cerraba y a las 17 volvía a abrir hasta las 22, nunca más de las 22.30. Siempre fue un boliche de hombres, el 99 por ciento eran hombres, muy de vez en cuando algún parroquiano caía con una novia, sobre todo los amanecidos que pasaban de largo y encontraban al Quitapenas recién abierto cuando el resto de los lugares ya habían cerrado”, cuenta Had, que para la mayoría de sus clientes siempre fue “el Turco”.

Con más de 31 años conviviendo con bebedores, aprendió que “la persona que está en estado de ebriedad actúa de maneras muy diferentes: está el que llora, el que se ríe, el que pelea, el cargoso, el que se duerme… hay muchas clases de reacciones. Todo eso era normal y de todos los días”. Es que el Quitapenas siempre fue un local de despacho de bebidas, en el que “durante todo el año se tomaba vino, pero en invierno también muchas bebidas blancas, como ginebra, caña, grapa, coñac, todo con una graduación de alcohol superior a los 30 grados. También venían grandes consumidores de whisky”, recuerda Had.

En los primeros años de existencia, el Quitapenas trabajaba solamente con gente mayor, pero después “al ver que era el único boliche que estaba abierto a las 6 o 7 de la mañana, cuando el resto ya estaba cerrado, empezaron a venir los jóvenes, que en su mayoría eran buenísimos, muy piolas. No sé porqué me pasó ese episodio…”, dice Had con algo de pena.

Cuando habla del “episodio” se refiere a una pelea entre dos parroquianos en abril del 2007 que terminó con uno de ellos gravemente herido y muriendo en el Hospital un par de horas más tarde. Entonces Juan Carlos pensó en no volver a abrir, hasta que los hijos lo convencieron de que no era su responsabilidad y el Quitapenas reabrió. Sin embargo, este año llegó la decisión de cerrar, a partir de algunas situaciones personales. A Had le detectaron cáncer hace un par de años, enfermedad que superó tras una cirugía y un intenso tratamiento, pero otra vez entraron en acción sus hijos para decirle que tenía que cambiar el ritmo de vida: “Ganá menos, pero vas a vivir más feliz”, le aconsejaron. Entonces apareció una empresa constructora interesada en desarrollar un proyecto inmobiliario, y anticipó que en un par de años correrá la misma suerte El Califa, de Eva Perón y Garibaldi; y posteriormente el Residencial Had, ambos de su propiedad. Para entonces Juan Carlos espera estar jubilado.

“Yo primero les dije que no a mis hijos, que me dejen hacer lo que me gusta, pero uno después recapacita y me di cuenta de que tienen razón. Estoy agradecido de mi negocio, de todo lo que me dio. Hasta el intendente me mandó un mail diciéndome que tendría que ser una casa histórica”, reveló Had.

 

Una larga historia

Pero la historia no empezó con el Quitapenas, sino que hace 55 años, cuando Pedro Antonio Had (padre de Juan Carlos) compró el inmueble, en ese local de Mitre y Almafuerte ya había un bar y despensa, cuyo dueño era conocido como don Felipe, quien era de San Eduardo, viudo sin familia, y tras la venta acordó quedarse seis meses más en el lugar. Sin embargo, al poco tiempo Had padre lo encontró muerto, lo que aceleró los tiempos para tomar posesión del inmueble, que en los primeros tiempos fue alquilado y utilizado como vivienda. Primero fue la morada de un electricista durante siete u ocho años y luego del ex dueño de la histórica Pizzería Capri. “El local volvió a ser un bar cuando lo alquiló un hombre de apellido Estévez, que venía de ser conserje del Club Defensores en la esquina de España y Mitre, y bautizó al nuevo bar como ‘La Biblioteca’, que tenía un recordado cartel sobre calle Almafuerte, donde se podían ver unos parroquianos sentados. Ese local permaneció unos 14 o 15 años. Era un hombre recordado por su elegancia, luciendo casi siempre un moño”, evocó Juan Carlos.

Un día La Biblioteca cerró y el Turco Had, que entonces tenía 31 años, se hizo cargo del local en 1980, lo empezó a arreglar en octubre -porque había estado más de un año cerrado- y el Quitapenas nació en febrero de 1981. El nombre lo ideó junto a quien lo ayudaba en los primeros tiempos para atender el local, un ex ferroviario vecino suyo: Honorio Giménez.

La historia se termina en estos días. El Quitapenas entra en la inmortalidad, aunque siempre lo mantendrán vivo anécdotas como ésta: “Lo peor que podía pasar era que algún cliente pasado de copas se quede dormido. Inclusive yo tenía un perro grande, Cacho, que me duró 15 años, y se aguantó cada pisada… Después lo usaban de almohada, él se tiraba en el suelo y alguno se recostaba a dormir arriba del perro. Tengo muchas historias, hacíamos asados al mediodía y a la noche, realmente se la pasaba muy bien”.

 

por Juan Miserere (Diario El Informe)

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