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lunes 22 abril 2024
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Historias de la patria chica: Luis, el reciclador

(PR/Norma Migueles) Uno de los más queridos colaboradores de Manos a la Tierra, agrupación ecologista de Venado Tuerto que funciona en el predio de Azcuénaga y Pellegrini, se despidió la semana pasada: Luis Pereyra iniciará con su esposa Silvia una nueva etapa en su vida y se muda a Yacanto. Tanto los voluntarios de Manos, como los vecinos del barrio lamentan ya su ausencia y para demostrar el afecto le hicieron una despedida (aprovecharon para dar uso a la reciente incorporación de la iluminación), que en cierta forma también sirvió de reencuentro para todo el grupo.

En el sitio de Azcuénaga y Pellegrini, mientras sus compañeros se dedican cada sábado a hurgar la tierra, quitar malezas, podar, armar plantines, replantar, Luis era el encargado del reciclaje. El recibía los residuos, los separaba y clasificaba, porque ya la experiencia le había demostrado que lo que dejan unos sirve para otro.

De hecho “salvaba” potecitos plásticos para hacer los plantines, frascos de vidrio para la miel de Juan, bolsas limpias y también estaban los encargos de las vecinas: potes, contenedores, frascos, latas, cartones y por supuesto los bolsones para residuos mayores. Luego lo que sobraba, limpio y ordenado quedaba para ser retirado por los trabajadores municipales.

En sus inicios participó del Reciclar Venado y ese conocimiento le permitió dar un toque especial a su trabajo, llevándolo a cabo con absoluta responsabilidad y conciencia sobre los beneficios del cuidado ambiental.

También descubrió que podía tener una nueva mirada sobre la importancia de la interacción entre el planeta y los seres humanos, calándole hondo las ceremonias de homenaje a la madre Tierra (Pacha Mama) que cada agosto se realiza en Manos a la Tierra. “Así fue como entendí que hacía este lugar, mi relación con la naturaleza, con la tierra y con esta gente, que es tan linda”, reflexionó.

“Luis siempre estuvo silencioso haciendo su trabajo atendiendo a la gente, ordenando reciclando, sumando a la labor de nuestro grupo. Con cariño y paciencia le iba enseñando su conocimiento a la gente que venía a traer sus residuos. Luego que la gente se iba ordenaba y clasificaba las cosas que traían. Sin dudas será muy difícil reemplazando, se nos fue una gran persona”, opinó Marina Díaz Velez.

“Luis es esencial, su trato con la gente y su asistencia perfecta cada sábado nos hará mucha falta”, consideró Laurita Gabussi.

El voluntario se fue, pero se llevó con él la semilla del amor a la tierra y la importancia del respeto al ser humano que seguramente fecundará y crecerá con su ejemplo en el lugar que haya elegido para seguir su vida. Se llevó de regalo semillas de la huerta “para que no extrañe”. Luis entonces, apañado por el cariño de sus compañeros, continuará en otros lares con el trabajo del Imaykana muyurichiy (reciclaje en quechua)

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