(PR-Norma Migueles) Hermosa reflexión, dulce como caña de sorgo… de la pluma de oro de Patricia Bertrán, referente de Imagina, ONG solidaria y prestigiosa empresaria de la ciudad. También tuvo una experiencia en política pero volvió a sus raíces de trabajo solidario.
Si bien soy nacida en Venado Tuerto, parte de mi infancia transcurrió en Carmen, donde estaban mis abuelos maternos, y también en Elortondo. Recién ahora comprendo la oportunidad que significó para esa niña “pobre” el estar educándome allí.
En Carmen había una sola escuela para todos los niños del pueblo. Todos los niños compartíamos el mismo espacio. Cada uno aportaba su diversidad, su historia, su cultura familiar, sus sueños … Iba desde el más travieso al más tranquilo. Iba desde el artista al matemático. Iba desde el más rico del pueblo: Oscar… el hijo de la Directora: Germán… y hasta yo, la nieta de un albañil que trabajaba duro por el pan de cada día y de la nona Irma, quien solo había cursado hasta segundo grado.
En esas callecitas, esas aulas y en ese patio de la escuela, pasé mis horas donde todos aprendíamos de todos.
Decenas de años después, la historia en Carmen sigue igual, y vuelvo a pensar en que gran oportunidad que es para todos los niños. Y lo más grandioso es que hay una escuela primaria y una secundaria para 1800 habitantes.
Aquí en Venado, se dividen las escuelas por niveles económicos (privadas y públicas) y además entre las escuelas públicas: por proximidad a ellas. También podemos decir que para los de “atrás de la vía” hay una sola escuela secundaria para 40.000 habitantes, ¡¡Carmen «nos gana» en esto 22 a 1!!
Finalmente los chicos venadenses «sufren», lo que se llama en sociología urbana, “segregación educacional “ y la “segregación residencial”. Y así tienden a agruparse por condiciones socioeconómicas. Los pobres terminan conviviendo con los pobres, los clase media con los clase media y los ricos con los ricos, en barrios bien demarcados, con sus propias características y costumbres. Y casi lo mismo sucede en las escuelas.
Cuanta diversidad, experiencia, ampliación de miradas, empatía y socialización se pierden en estos modelos que segregan. ¡Cómo me gustaría que cada escuela sea como la escuela del pueblo que me cobijó! Sería un sueño hecho realidad. Si esto ocurriera, lo visualizo como una gran oportunidad y como impactaría positivamente en la vida de todos, pero principalmente en aquellos niños y niñas, que como yo, no tenían opción a elegir donde vivir ni donde estudiar.
Cosas que pienso, siento y me gusta compartir para reflexionar. Gracias por leer, aunque no haya foto ni nada llamativo en este post.




