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Los funerales del 1900 en Venado Tuerto y la Región

(PR/Andrea Acedo) Gracias a personas como Mauro Bertozzi quien recopila y difunde datos históricos llegamos a conocer de los usos y costumbres de nuestros predecesores venadenses. En este caso nos recuerdo como eran los funerales a principios del siglo pasado.

 

“Afortunadamente desde el inicio de la primitiva colonia, y desde su primer fallecido, sepultado en el patio de la antigua capilla, situada a un costado de la actual catedral, la iglesia sostuvo que cada venadense tenga su funeral. El templo sagrado fue la herramienta que acobijó a todas las clases sociales, que formaron la antigua colonia. A diferencia de otros lugares donde las élites lo realizaban en las grandes catedrales, la nuestra estuvo siempre a disposición de los pobladores. Podemos decir que fuimos lineales en este aspecto. La utilización del mismo espacio religioso fue un mandato superior, del cual tuvo mucho que ver la primera comunidad irlandesa y su devoto fundador Edward Casey”, dice Bertozzi en una publicación de Facebook del Archivo Histórico Digital de Venado Tuerto

 

Entre los comentarios que suscitó la publicación, Hugo R. Paggi de Elortondo cuenta que en su localidad cuando los ornamentos eran “blancos era porque había fallecido un bebé o un niño, un «angelito» y acá en nuestra parroquia, al salir el cortejo fúnebre las campanas sonaban “Gloria” por la muerte de un angelito y por tradición todos los sepelios pasaban por la calle principal del pueblo (San Martín), los negocios cerraban sus puertas, bajaban sus persianas y no había una persona en las calle, por respeto al luto de las familias del difunto. En caso de mayores las campanas sonaban por el duelo, con un toque distanciado del otro, distinto al anterior que sonaban con repique de gloria. Salían de la parroquia, caminando y llevando el ataúd a mano, hasta la calle del centro, dos cuadras, recién ahí el féretro era colocado sobre el coche fúnebre, en la esquina de San Martín y 25 de Mayo y de ahí hasta Laprida, cuando ya marchaban hacia el cementerio local”.

 

También aporta Paggi de su Elortondo natal que “detrás del Coche fúnebre iban dos «coupé» tirados por dos caballos negros cada uno, donde iban los familiares más íntimos: padres, hermanos, cuñados. Nunca las viudas o madres del difunto, ellas permanecían en la casa acompañadas por algún familiar o amigo allegado, todos de negro por el luto riguroso que debían vestir”.

 

Y sigue con sus remembranzas expresando que “otra costumbre de acá, era acompañar el entierro con la banda de música, en su momento de la Sociedad Italiana o la de la familia Vidigh que iba detrás del coche fúnebre interpretando música de duelo o alguna marcha fúnebre. Esto se hizo hasta cerca de los años 40 estaba impuesta esa tradición para los allegados a la banda o para sus integrantes.

 

Por su parte, Alicia Corvalán dice respecto a los funerales: “antes se respetaba, ¿quién te dejaba solo en un velatorio? Los vecinos se turnaban para acompañarte y ahí estábamos cuando le tocaba a otro. Nada que ver con lo que pasó en pandemia y lo que sigue es peor”.

 

También Marcelo Fagioli participa diciendo “en los cortejos fúnebres para niños, tanto el carruaje como los ornamentos y hasta los guantes del cochero eran blancos. En el caso de los caballos el número se incrementaba según la posición social de la familia del difunto. Si no se conseguían totalmente blancos, se les pintaban las partes del pelaje para uniformarlos. En los cortejos para adultos era todo color negro, incluso una especie de penacho de plumas que a modo de casco lucían en la cabeza los caballos. Todo estaba marcado por estrictos protocolos y solemnidad.

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