(PR) La tierna figura de los abuelos cuidando a los nietos o la esposa en el hogar guiando la crianza de los hijos ya es una cosa del pasado. Las necesidades económicas hicieron que los adultos mayores al llegar a la edad jubilatoria tengan que seguir en actividad para complementar los magros ingresos de la jubilación. Mientras tanto, la figura del hombre como único sostén económico del hogar es impensado en la actualidad, y entonces la mujer tiene que sumar algún ingreso para poder “parar la olla”.

Este contexto económico generó la aparición de un nuevo protagonista en la sociedad argentina: los jardines maternales.
“Cuando nosotros éramos chicos había pocos maternales, los abuelos se jubilaban a una edad que todavía cuidaban a los nietos y se quedaban en casa. Hoy tenemos abuelos jubilados que tienen un trabajo extra porque no les alcanza. Tenemos una gran camada de abuelos que trabajan, y también trabajan los dos integrantes de la pareja”, describió Margarita Casey, presidenta de la Asociación de Jardines Maternales del Sur de Santa Fe.
El servicio de los jardines también tenía competencia con la contratación de la niñera en la casa, “pero si un día se enferma y falta, tenés que dejar de ir al trabajo, perder el presentismo, y en cambio en el maternal si una maestra falta hay una que la reemplaza, y abre todos los días”, razonó Casey.
Otro punto destacable de los jardines es que “hay personal especializado y docentes que se preparan para ir detectando problemas a edad temprana, en un trabajo que hacemos con la Asociación de Pediatría, y para estimular lo que el niño necesita. Una niñera hace un cuidado primario de los niños, en cambio en el jardín el nene comparte y tiene una competencia con un par y un adulto que lo está cuidando”.
Al mismo tiempo, económicamente también sería más conveniente el servicio de un jardín maternal que contratar a una niñera personal.
Casey también recordó que existe una normativa nacional que obliga a las empresas con más de cien empleados a pagar el costo del jardín, o instalar una sala propia.

“Desde hace tres o cuatro años todas las empresas y supermercados que están en esta condición se comenzaron a hacer eco de esta ley, y desde el jardín le facturamos y ellos le devuelven al empleado lo que pagó por la cuota”, graficó la docente.
Casey se mostró optimista sobre el desarrollo que tendrá la actividad de los jardines privados durante 2026, porque “vamos puliendo los vínculos entre los jardines, los padres y los pediatras. Soy una convencida que, si podemos conformar un equipo de trabajo entre el médico que lo cuida, los padres que lo crían y la docente que educa, el chico gana cien por cien, y, entre todos, el trabajo es más fácil”.
A modo de conclusión, planteó que desde la Asociación “lo que nosotros proyectamos para 2026 es una superación en cuanto a calidad de educación en comparación con 2025”.











