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domingo 3 marzo 2024
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María Inés Araiz, una vida dedicada al tenis

(PR/Gustavo Brianza) Sin dudas que el apellido Araiz está relacionado con el tenis en Venado Tuerto. María Inés, con tan sólo 4 años, comenzó a jugar en el club Centenario junto a Oscar “Cacho” Coria, pero antes que ella, su papá jugaba; luego su mamá, quien actualmente sigue activa; sus hermanas; su hijo Agustín, quien ha participado en torneos internacionales y sus sobrinos. Por esas cosas de la vida, su carrera como jugadora finalizó a los 18, pero enseguida comenzó a dar clases, una actividad con la que va a cumplir 30 años de trayectoria en este 2024. Pueblo Regional fue hasta su casa para conocer su vida y sus proyectos.

“Mis padres jugaban al tenis en el club como para pasar el rato y divertirse, en mi caso, fue diferente, empecé a los 4 años con ‘Cacho’ Coria en Centenario y luego comencé a participar de torneos provinciales -de los cuales gané muchos- y nacionales -a los que accedía si clasificaba-. Nuestra zona se llamaba Tesur, que abarcaba todo el sur de Santa Fe, donde jugaba muy bien María Luciana Reynares, quien nos barría a todas. En esa época estaba también Paola Suárez, oriunda de Pergamino, que representaba a Tenoba, la zona noroeste de Buenos Aires, aunque después se vino a jugar con nosotras; éramos categoría Menores, teníamos entre 11 y 15 años”, contó María Inés.

A los 16 años, con Reynares y Suárez ya instaladas en el circuito internacional, Araiz llegó a ser la raqueta número uno de Argentina, en su categoría, compitiendo con jugadoras de la talla de Mariana Díaz Oliva, Laura Montalvo y Cintia Tortorella.

“Después me voy a Europa y a Estados Unidos, donde jugué en el Orange Bowl, y le gané a Paola (Suárez). En un momento iba a ir a competir a un interclubes en Alemania y pedí que una amiga mía, que era casi como mi hermana mayor, me acompañe, pero la gente que me contrataba me dijo que si no estaba preparada para estar sola que no fuera y no viajé”, agregó.

“En mi primer año en la categoría de 18 tuve la oportunidad de ir a Roland Garros Junior, y mi entrenador, que en ese momento era Claudio Sosa, me dijo que íbamos a ir a la próxima edición. En esa época jugaba torneos WTA, estaba en el puesto 450 en singles y 200 en dobles con 17 años. Ahora, tomo conciencia del nivel que tenía en esa época, algo que en ese momento no lo veía de la misma manera”, continuó.

Tiempo después, María Inés se retiró de la práctica activa del tenis. “A los 17 años viajaba sola a Europa, sin entrenador o sin la compañía de otras jugadoras, algo que, por suerte, ahora ha cambiado. Aunque después te encontrabas con las otras chicas en el torneo, el hecho de no tener a nadie al lado fue muy duro. La vez que mejor me sentí fue cuando me acompañó mi abuelo, de los tres meses que me quedé en Italia, él estuvo la mitad de ese tiempo conmigo. Evidentemente, necesitaba un afecto, a alguien de la familia, más aún con lo unidos que somos”, sostuvo.

Una vez que dejó de jugar al tenis, María Inés terminó en el EEMPA sus estudios secundarios haciendo tercero, cuarto y quinto año. Luego intentó hacer el profesorado de Inglés, “pero me di cuenta que un aula no era lo mío”, reconoció. “Fue ahí cuando empecé con los cursos PTR (Professional Tennis Registry) para dar clases de tenis”, indicó.

“Se trata de una asociación mundial de profesores y el director en Argentina era Leo Alonso, que además había sido entrenador mío. Junto a quien fue mi coach principal, Claudio Sosa, y Willy Franco estaban a cargo de PTR en el país. Empecé a capacitarme, a dar clases y me dediqué a los chicos. En 2024 voy a cumplir 30 años como profesora, tenía 18 años cuando arranqué”, amplió.

Uno de los principales desafíos que tuvo al momento de comenzar a dar clases era mejorar la empuñadura continental que es fundamental para tirarle la pelota a los chicos. “Iba mucho al frontón, porque como jugaba con mucho top le pegaba con efecto y se les complicaba a los alumnos que recién se iniciaban. Por lo tanto, necesitaba aprender un golpe nuevo, más plano y para eso no hay nada mejor que el frontón, ‘es un maestro tremendo’, aunque ahora cuesta mucho inculcarlo porque los alumnos van a la clase y se vuelven a la casa, yo me acuerdo que me quedaba hasta seis horas jugando y practicando”, manifestó.

Como profesora tuvo más de diez alumnos en el top ten del país. Arrancó con sus clases en Centenario, luego paso por el Jockey Club, Club Ciudad y actualmente se encuentra Universitario. “En el Jockey tuve la escuela más grande con más de 300 chicos. Agustín, mi hijo, me acompañaba y se quedaba conmigo desde las 13 que era cuando yo llegaba, hasta las 20, cuando me iba. Como dije recién, eso se terminó con la camada de él y de algunos amigos, hoy los chicos asisten a la clase y se vuelven a la casa”, ratificó.

La Liga ITC

Después de la pandemia, y como la propia Araiz lo definió, tuvo “una explosión de mujeres mayores de 30 años que querían jugar al tenis”. Cabe recordar que, en junio de 2020, tras el confinamiento fue uno de los primeros deportes que se habilitó. “Muchas agarraban por primera vez una raqueta en su vida y otras, como por ejemplo mi mamá o mis hermanas, retomaron lo que ya sabían. Di clases hasta fin de año, de lunes a lunes, sin parar un día, por las tardes, en Universitario, salvo los fines de semana que iban a la mañana”, recalcó.

“La sigla ITC significa Iniciación al Tenis Competitivo; yo quería que estas mujeres (que hoy son más de 140) que iban a clases pudieran jugar partidos entre ellas, porque la mayoría no lo hacía. Hay cuatro categorías: A, B, C y D y este año, además, sumé inicial. Son todas adultas, incluso tengo algunas de 70 años. La Liga tiene 220 inscriptos, entre mujeres y varones, porque si bien se inició con las chicas, en la segunda temporada muchos varones me pidieron participar y ahora es mixta.

Respecto a la modalidad de juego, está dividida en diferentes grupos y, de acuerdo a la categoría de cada tenista, se enfrentan “todos contra todos” dentro de la misma zona. “Cada semana me encargo de pasarle quien enfrenta a quien, entonces se ponen de acuerdo entre ellos para determinar cuándo y dónde juegan el partido, después me pasan el resultado final y una foto. Así se arma el campeonato hasta que llega la fase eliminatoria”, detalló.

“En la primera liga hubo solamente dobles de mujeres; en la segunda, tuvimos dobles en mujeres y singles varones; luego, en un torneo de verano, le propongo a las chicas que disputen partidos de singles entre ellas ya que nunca habían jugado una contra otra. Se animaron unas cuantas y así empezamos. Al principio fueron dos sets de 4 puntos por el tema del cansancio y ahora un partido tiene dos sets a 6 puntos, súper tie break en el tercero y punto de oro cuando están 40 iguales, no hay ventaja”, recalcó.

Con la Liga ITC a pleno, los jugadores empezaron a viajar a otras localidades para participar de diferentes torneos. En tal sentido, María Inés es la encargada de coordinar con los organizadores de cada certamen e invitar a quienes deseen viajar, sean de la Liga o no, obviamente, todos los que van juegan ese torneo. “Nunca hice una selección por nivel, considero que el tenis es la excusa, porque el viaje es generador de buenos momentos, se comparte y se construyen vínculos entre un montón de mujeres que no se conocían y después terminan haciendo peñas generando un clima increíble”, destacó.

“Fuimos cuatro veces a Villa del Dique, dos a Pinamar, una a Cariló y la restante a Paraná. La primera vez viajamos 20 personas, la última fuimos 65, entre damas y caballeros. Allá se anotan en su categoría y compiten con jugadores de otras provincias o lugares. En la última edición, que se realizó en Pinamar, nos trajimos 11 copas”, enfatizó.

Clases especiales

Otra de las actividades que lleva adelante la Liga ITC son las clases especiales, habitualmente llamadas clínicas de tenis. En esta propuesta, Araiz se juntó con su hijo y tenista Agustín Mastri y al coach ontológico y deportivo Santiago Weller. “A estas clases las estamos ofreciendo en distintas partes de Argentina, duran dos horas y ofrecemos trabajar la parte táctica. Son distintas temáticas y cada alumno toma la clase que, según su criterio, le va a permitir mejorar su juego. Es una inyección de motivación porque siempre se van aprendiendo cosas nuevas”, consideró.

Seguir jugando en familia

A su vez, María Inés junto a Angelina, una de sus hermanas, forman parte del equipo +40 de VGG, que participa del Torneo Nacional de Veteranas de Tenis que se disputa una vez por año. Se trata de un certamen que reúne a más de 500 mujeres, entre las categorías +30 hasta +85. Su última participación, hasta ahora, fue en 2022 donde tuvieron un muy buen desempeño en Río Cuarto. Para este año, en tanto, esperan la confirmación de la sede y fecha.

Puerto Pibitos

La Colonia de Vacaciones Puerto Pibitos dio inicio en 1995, entre María Inés y su prima Celina Álvarez, quien es profesora de Educación Física. “Desde que empezamos y hasta el 2001, la hicimos en la quinta de mis abuelos, que era como un ‘miniclub’, un complejo grande con tres canchas de tenis (dos de césped y una de polvo), una de vóley, amplia pileta y quincho. Tuvimos más de 150 chicos a quienes íbamos a buscar en dos colectivos que hacían un recorrido de una hora. Llegaban a las 15, se quedaban hasta las 18, y los llevábamos de vuelta a casa”, comentó.

Después tuve que dejarla porque tenía muchos chicos en tenis y necesitaba el verano para realizar la pretemporada. Las colonias volvieron en 2014 cuando las organicé en Club Ciudad, donde pasamos de 50 a 150 chicos. Estuve cuatro años porque la institución me dijo que era mucha cantidad de chicos para la pileta. De ahí, me fui a Jorge Newbery. Estuve cuatro años y llegamos a tener 300 niños. Luego, deciden hacer su propia colonia y me mudo al Universitario, que es donde estoy actualmente, pero en este caso por la mañana, 9.30 a 12.30.

Fiesta de Mujeres

Por último, entre las diferentes actividades que realiza, María Inés organiza, dos veces por año, la tradicional Fiesta de Mujeres, en abril y septiembre, en El Tempo. “Ahora vamos a hacer la 14ª edición. Es una fiesta en la que las mujeres se divierten sanamente: van la abuela, la madre y la hija; las hermanas; las compañeras de trabajo o el grupo de amigas. Bailamos, hacemos sorteos y llevamos diferentes artistas de Venado Tuerto. No es fiesta por el Día de la Mujer es una celebración para las mujeres. Además, ponemos un buffet para que lo explote alguna institución.

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