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Nehuen, Arolfo y El Vislumbre del Esteko se presentarán en Venado Tuerto

Fernando Montivero, director de la compañía Nehuen.

El evento se llevará a cabo el próximo sábado, desde las 22,  en el Club Jorge Newbery. Además actuarán los venadenses Juan Enriquez, Claudio Lezcano, el Grupo Sigüen y la academia Martín Fierro. Auspicia la Dirección de Cultura de la Municipalidad de Venado Tuerto.

Para quienes tienen la tendencia a confundir técnica con estilo, Nehuen podría enrolarse perfectamente en el romanticismo del siglo XVIII. Convencionalmente, esta definición tampoco sería incorrecta: si algo caracteriza a Fernando Montivero –  director de esta compañía – es priorizar al sentimiento, tendiendo permanentemente a la ruptura de los patrones culturales y (por qué no) políticamente “correctos”.  De hecho, saltar de la comodidad de las capitales para hundirse en el pedregal del país interior con el único afán de “experimentar” in situ la vivencia transformadora del espíritu; es la demostración más cabal de una forma de expresión artística cuya vigencia se remonta a más de 200 años. Pero; qué hace un romántico hecho y derecho sumergido en la vorágine de la generación 2.0?. Esa es la dicotomía que lleva a las producciones de Montivero del romanticismo puro a cierto terreno del clasicismo. Entonces, lo que para muchos se transforma en un peligroso cono de sombras, para él se hace luz. Y bajo esa luz, aparece “el estilo”, la impronta que sólo pertenece a un grupo de privilegiados capaces de conjugar los grandes movimientos del arte (siempre elitistas) con las señales del gran faro de lo popular. Eso que, en definitiva, llaman cultura. El espectador, destinatario último de este duro proceso, percibe algo extraño en esas puestas en escena. Alguna señal que el pasado colectivo le envía desde un punto del universo y que, aunque no lo comprenda totalmente, lo atrapa irremediablemente. Cuestión de genes…

  Montivero tiene muy en claro cuáles son las señales que el pueblo envía y sabe interpretarlas con una asombrosa rapidez de reflejos. “El  Instituto Universitario Nacional de las Artes (IUNA) y el Ballet Folclórico Nacional son organismos sin presencia en los medios populares donde se gesta el hecho folclórico de este tiempo. Y esto se nota en la evolución de la danza folklórica, que considero que no es popular porque no está presente donde baila la gente. A las nuevas propuestas, que no son muchas, les toca lidiar con la injusticia de no contar con una ley nacional de danza que nos reconozca como trabajadores con responsabilidades y derechos. De esta forma es inevitable la emigración de talentos folclóricos a otros géneros por la escasez de trabajo. Existen nuevas propuestas, pero la lucha es bastante desigual respecto de la época de oro del folklore. Es difícil reconocer nuevos estilos y, con esta ausencia, es difícil pensar que puedan surgir escuelas de algo que casi no existe. Cada vez se forma más académicamente al alumno pero no se enseña a correr riesgos, a desafiar límites, a vivir en la búsqueda, a renegar de lo cómodo y regular. No se enseña a que el arte es desorden, pasión y compromiso. Y así, es difícil que vuelvan a surgir nuevos artistas”, dice Montivero con convicción militante, mostrando la flor y nata de su faceta más romántica.

  Desde esa conceptualización, el glamour que rodea el hecho artístico de estos tiempos, se pulveriza. Los íconos se derrumban y se plantea la necesidad de encarar la búsqueda. Él, en lo particular, elige abandonar las cementadas fuentes donde, supuestamente, mora el arte y se lanza al encuentro de la Cultura popular, con sabor a tierra, con la agresividad del viento, con la purificación del fuego. Recorre los rincones más recónditos del Santiago ancestral, se interna en los laberintos de la Puna, recorre el abandonado norte santafesino. Y regresa con una nueva mirada por las arterias que llevan al corazón de las capitales. Del proceso, antesala de las nuevas revoluciones, emergen las tribus urbanas. Y se decide a reunirlas y darles un espacio. Surge El Pedregal Peña Joven Itinerante. “Pensando en todas las veces que el teléfono no sonaba, decidí producir yo mismo ese espacio de encuentro. Me junté con artistas surgidos de las tribus urbanas que caminan las rutas de nuestra Patria, como nosotros, en absoluta soledad y sin pensar demasiado lancé la propuesta. Creo que existe un folclore vivo donde sucede el hecho folclórico contemporáneo y los jóvenes tenemos la responsabilidad de generar nuevas propuestas siempre”, dispara, desde un punto de vista menos romántico y bastante más emparentado con la luz de la razón.

  Ese es el secreto; salir otra vez a los caminos y sentar, nada más y nada menos que un precedente destinado a transformarse en un desafío para el resto. El puntapié inicial lo dará este viernes en el Gran Buenos Aires y el sábado, desde las 22, rendirá examen en el interior. Más precisamente en el Club Jorge Newbery de Venado Tuerto. Claro que Nehuen no estará solo. El rafaelino Diego Arolfo presentará su disco y los santiagueños del Vislumbre del Esteko prometen hacer bailar hasta a las paredes. Antes, en el prólogo del ritual; Juan Enriquez, Claudio Lezcano, el Grupo Sigüen y la academia Martín Fierro (dirigida por Cristian Romero) serán los representantes del arte folclórico local. El show está auspiciado por la Dirección de Cultura de la Municipalidad de Venado Tuerto. La entrada anticipada tiene un costo de 25 pesos y el despliegue técnico promete ser memorable. La situación bien lo amerita y los venadenses bien merecen ser testigos de este nuevo punto de ruptura del folclore nacional.

 Colaboración Fernando Coronel

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