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«Síndrome del álbum lleno». Cómo saber si estás criando un hijo ansioso.

EL psicólogo Alejandro Schujman traza un paralelismo entre el furor desatado por el álbum de Panini de Qatar 2022 y Charlie y la Fábrica de Chocolates.

 

«¡Mamá, necesito el álbum y las figuritas del Mundial!» En un barrio de la Ciudad de Buenos Aires un pequeño de unos 10 años sufre porque «necesita» el álbum del Mundial Qatar 2022 y las figuritas. En la puerta del negocio donde trascurre la escena, un cartel con letras de molde que dice: «No tenemos figuritas ni álbum. Por favor déjennos trabajar en paz». A unas cuadras, una ferretería tiene un cartel en la puerta con la foto del álbum, y el texto opuesto del negocio anterior: «Tenemos figuritas del Mundial, pocas cajas». Media cuadra de fila de madres y padres y algún niño para comprar el tesoro tan preciado.

 

Criando una infancia ansiosa

En la escena 1 vemos a un niño que dice que «necesita» completar una colección de figuritas acompañado por una madre que mira resignada sin saber qué hacer. En la escena 2, un grupo de padres y madres invierte tiempo y dinero (mucho dinero) para que sus hijos no sufran, no esperen y tengan YA lo que quieren.

 

Qué es el «síndrome del álbum lleno»

Cuando yo era pequeño coleccionaba figuritas, pero era casi imposible completar un álbum. Había «figuritas difíciles» y colecciones de figuritas con al menos una difícil por cada temporada. Pero no me importaba tanto, lo lindo no estaba ahí. Lo maravilloso era jugar en el recreo con las figus, completar una página, un equipo, era esperar (eso era lo más fantástico) que en ESE paquete me saliera la figurita difícil. Fui muy feliz juntando figuritas, y nunca llené un álbum.

 

En algunas colecciones, los chicos de hoy tienen -garantizado por el fabricante-, el servicio de álbum lleno. Esto es, cada figurita que les falte, la piden por correo al valor de un paquete y así no hay misterio, no hay duda, no hay riesgo de frustrarse.

 

Lleno o lleno, sale o sale

Me contaron en estos días de una madre que lleva gastados más de 30.000 pesos en figuritas​, que gastaría más si hubiera oferta, y que nada le da más placer que ver a su hijo «sentado pegando todas las figuritas del álbum». «Ya está, le saqué un problema de encima, ya lo llenó», pensará esta madre. Niños y niñas empachados de confort, pero paradójicamente luego al crecer serán muy poco felices en un mundo donde no hay padres y madres 24 x 7 que resuelvan lo irresoluble para ellos.

 

El ejemplo de Charlie y la fábrica de chocolates

Una maravillosa historia, Charlie y la fábrica de chocolates, del escritor Roald Dahl, ejemplifica este modelo de crianza. La versión fílmica es de Tim Burton y la protagoniza Johnny Depp como Willy Wonka, el dueño de una fantástica fábrica de chocolates que quiere obsequiar a cinco niños de todo el mundo con el regalo de una visita a su imperio, lugar de ensueño y fantasía.

 

En la recorrida con los afortunados ganadores —en un sector en el que un entrenado grupo de ardillas selecciona las frutas secas que son aptas para el consumo—, una de las niñas, Veruka Salt, de familia acaudalada y muy consentida por su padre, le exige desde un balcón en el que observaba el trabajo de los encantadores roedores: «¡Quiero una ardilla!». El padre mira azorado a Willy Wonka, quien le dice que las ardillas no están a la venta; contrariado este padre intenta convencer a su hija de que, con el pony, los guacamayos y algunos otros exóticos animalitos que en su casa habitaban, ya estaba bien; pero la niña hace simplemente un «berrinche», que crece en intensidad y en intención. El señor Salt intenta convencer a Wonka con dinero, y éste, firme y sereno, reitera que no negocia. Veruka, finalmente, se arroja a la plataforma y es llevada por las ardillitas al tubo de desecho, del cual sale untada con residuos.

 

Amor responsable

Jaime Barylko habló hace mucho del miedo a los hijos: pero es preferible que tengan chichones de pequeños y no fracturas expuestas de adultos. Lo que precisa la niña de la película no es la ardilla, lo que precisa el niño del negocio de mi barrio no es el álbum del Mundial.

 

Lo que necesitan y los alivia es encontrar un «NO» que los ayude a aprender a frustrarse. Nos lo agradecerán de grandes, cuando enfrenten situaciones de difícil o imposible resolución. De esto se trata el amor responsable.

 

La contracara del síndrome de álbum lleno es eso, amor responsable; educarlos para la autonomía, para la frustración, para un mundo en el que no son las cosas como queremos que sean.

 

 

Los adultos debemos aquietar la premura y favorecer los tiempos de espera y frustración para que nuestros hijos no sufran. Si no les enseñamos a sufrir, no les enseñamos a crecer.

 

Esto hace que en la entrada al mundo adulto les cueste mucho poder tener capacidad y respuestas de afrontamiento. Y en la adolescencia todo puede eclosionar en depresiones, trastornos de ansiedad y sintomatología diversa. Lo que hacemos tiene consecuencias, y lo que omitimos también. Y no es sin consecuencias el síndrome de álbum lleno. Si en esta situación placentera y lúdica se generan momentos de angustia y ansiedad, ¿qué queda para lo verdaderamente difícil de la vida?

 

 

Alejandro Schujman es psicólogo especializado en familias. Autor de No huyo, solo vuelo: El arte de soltar a los hijos, Generación Ni-Ni, Es no porque yo lo digo y Herramientas para padres.​

Fuente. Clarín. Buena vida

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