Sueños en tiempos covid: la historia del joven que renunció al trabajo para recorrer el país a caballo

Tiempos covid. En el futuro se hablará de esta era siniestra y desafiante. La pandemia inspirando las historias de una generación que llevará su marca de por vida. La incertidumbre, el dolor, el encierro, la ruptura, los sueños y también las oportunidades de sacarse la piel como las serpientes para ser distintos. Vivir el sol, la luna y sus tormentas.

La finitud de la vida, la lucha por sobrevivir a la asfixia y la distancia empujaron a Marcos Villamil, desde ahora en el texto «Villu», a renunciar a su trabajo, juntar ahorros, acopiar contactos amigos y emprender un viaje a caballo desde Buenos Aires hasta Ushuaia, de allí a la Quiaca y bajar por el litoral hasta volver al punto de partida. Solo él con su equipaje cargado en dos yeguas y un potrillo e ir por los caminos de tierra de su enamorado país.

Me lo topé por teléfono cuando estaba varado en el Lago San Martín (Santa Cruz), con los puesteros de una estancia tratando de curar a una de sus yeguas. “Tengo que ir viendo cómo evoluciona, en el casco, que es como la uña de los caballos, una parte bastante sensible che”, dice entre sonrisas. No hay viento que detenga al viajero. Su extensa cabalgata de miles de kilómetros se puede seguir en una cuenta de Instagram @abrazarte.argentina. Es impresionante la travesía.

Arrancó, demorado por el confinamiento de la pandemia, el pasado 7 de septiembre desde General Alvear, provincia de Buenos Aires, con sus tres caballos: Mora, Wayra y El Tordo. Promedia los 35 kilómetros diarios, rotando los animales para no desgastarlos: uno es montado, otro es pilchero y el tercero va suelto y liviano, siguiendo el periplo en libertad. “Soy un enamorado de nuestro país, también fanático de los caballos. De chico aprendí a domar, a andar largos caminos para ahorrar en los fletes de los animales en el campo. Y así armé esto de recorrer la Argentina a caballo. Pienso que no hay una manera mejor de conocerlo. Te abre un montón de puertas, vas por caminos de tierra, te reciben las familias, los puesteros, no te falta agua, comida y un techo. La verdad que el país que tenemos tiene una riqueza enorme”, dice.

El hombre completo es el hombre a caballo, decía Yupanqui. Ahí está toda la existencia. El Villu anda solo con sus caballos. Camino, polvo, lluvia, sol, buscando aguas para los animales y descanso para su cuerpo. Avanzando en tiempos raros por los caminos de las respuestas. “Soy nacido y criado en Capital, y mi familia tiene un campito en General Alvear. En un momento pensé «si no hago esto ahora, no lo voy a hacer más; y si no hago me lo voy a lamentar de por vida», así que bueno, me largué y lo estoy disfrutando”, reconoce. Y a veces el viaje es duro.

“Me han pasado cosas bravas, condiciones muy adversas. Días sin comer. Pero la verdad es que, cuando el sueño está tan anclado en uno, es despertarte y agradecer. Te encontrás en el medio de la montaña, en el medio de un monte en La Pampa, en Valle de Rio Negro, en una estepa desértica con kilómetros y kilómetros de nada y la verdad que la sensación es alegría. Alegría pura. Después, en cuanto a lo que es el espíritu y esas cosas de ir a mil por hora en Buenos Aires y después cambiar por esto, es algo que yo siempre trabajé muchísimo. El mundo interior digamos, con meditación y más actividades personales, así que con la soledad y la inmensidad me llevo muy bien y además me enseñan todo el tiempo. Donde uno quiere imponer su ritmo, la naturaleza y, más que nada la Cordillera de Los Andes, se encarga de acomodar las ideas y decirte «no, no querido. Acá vas a ir al ritmo que te marca el camino, si no es bravo»”, dice.

En su cuenta Instagram muestra prolijamente la extensa cabalgata. Lleva una bitácora de puño y letra del paso a paso entre su equipaje y está dispuesto a contarle a los medios cada vez que la señal telefónica se lo permite. “Estoy para mostrar esta cara de Argentina. Siempre hacemos hincapié en lo malo, que en la inseguridad, que el robo acá, que el ventajismo, ¿viste? Siempre es palo, palo y palo y nada», advierte.

Y sigue: «La Argentina si bien tiene eso también tiene cosas excelentes. Hablar de las cosas buenas, de ese camino de tierra, esa mirada tranquila, esa familia que recibe y te da comida y agua. Dejar de tener tanto en la cabeza eso de «que me voy a Europa, que me voy a Estados Unidos, que me voy a Brasil», y empezar a decir «che, ¿y que si me voy a Los Antiguos? ¿Y que si hacemos un viaje más tranquilo en vez de correr tanto, y nos recorremos la parte de la Patagonia desde San Martín hasta Lago Posadas? ¿Che… y eso dónde queda? y bueno queda en Santa Cruz, bastante al sur, pero es alucinante y te vas a encontrar con gente increíble». Empezar a mirar un poco para adentro porque la verdad que tenemos cosas increíbles. Si las nuevas generaciones se quieren ir tanto a otros países y toda la gente que quiere laburar hace planes para irse, acá adentro se va a quedar toda la gente que no le interesa laburar, que no le interesa meterle para adelante y creo que eso también está en nuestras manos. Dejar de quejarnos y empezar a entender que la Argentina está en un círculo vicioso desde hace muchísimo tiempo, y para salir de ahí hace falta quedarse y laburar, y aportar ideas, aportar soluciones e involucrarse».

-Saliste buscando algo de Buenos Aires. Cuando termines, ¿pensás que lo vas a encontrar?

-Ya lo encontré. Estoy hecho. Estoy muy feliz. Este viaje lo hago porque soy un enamorado del país. Lo tenía que hacer ahora. Esta cabalgata me llena el alma hasta el último centímetro. Después me podrás tirar en cualquier lado, podré vivir entre cuatro chapas porque ya estoy hecho. La vida no pasa por vivir en el círculo de buscar más y más y ya no saber lo que estás buscando. Creo que la vida se trata de ir logrando esos pequeños sueños e ir realizándose como persona y después contagiar y compartir y vivir y codearse con los demás transmitiendo buenas energías, cosas buenas, y no ser una persona renegada que termina estando más renegada por las cosas que no hizo que por las que sí pudo hacer. Mi respuesta ya la encontré en el camino: soy feliz.

 

 

 

Fuente: Rosario3

 

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