No es un tema nuevo. En las últimas décadas se multiplicaron los estudios sobre vitamina D y, junto con ellos, también afloraron las controversias. Mientras algunos investigadores consideran que todavía faltan pruebas para justificar muchas de las indicaciones de suplementación, otros acumulan evidencia sobre sus beneficios en distintos órganos y sistemas.
☀️ Mucho más que una vitamina
Aunque la llamamos vitamina D, en realidad se comporta como una hormona, dice María Laura García, presidenta de la SAO: circula por la sangre, actúa sobre receptores específicos y ejerce efectos en múltiples órganos. «Tiene acciones mucho más allá del hueso», resume.

Su función clásica es mantener la salud de los huesos y los músculos. A raíz de eso, su deficiencia provoca raquitismo en la infancia y favorece la fragilidad ósea en los adultos. Pero la evidencia acumulada en los últimos años muestra que también participa en procesos inmunológicos, metabólicos y cardiovasculares.

Distintos estudios muestran que mantener valores óptimos podría contribuir a reducir la progresión de la prediabetes a diabetes, retrasar o prevenir la aparición de algunas enfermedades autoinmunes y colaborar en el tratamiento de ciertos cánceres. A los pacientes, «no les va a solucionar el problema, pero ayuda a que todo funcione mejor», dice García.
¿Hay que medirla en todo el mundo?
La respuesta es no. Los especialistas coinciden en que dosar vitamina D de manera indiscriminada en toda la población conduciría a sobrediagnósticos y tratamientos innecesarios. En cambio, sí recomiendan medirla en personas con mayor riesgo de déficit o en quienes podrían obtener un beneficio claro de la suplementación.
Entre ellos se encuentran quienes tienen osteoporosis u otras enfermedades óseas, adultos mayores con riesgo de caídas, personas con enfermedades del hígado o del riñón, celiaquía u otros trastornos que dificultan la absorción de nutrientes, quienes fueron sometidos a cirugía bariátrica y las embarazadas. En esos casos, conocer los niveles en sangre permite indicar la dosis de suplementación adecuada y controlar que el tratamiento alcance los objetivos.
¿Por qué es tan frecuente el déficit?
Se calcula que alrededor de 1.000 millones de personas presentan déficit de vitamina D. La explicación es sencilla: cerca del 80% se produce en la piel gracias a la radiación UVB y apenas un 20% proviene de la alimentación. El problema es que muy pocos alimentos contienen cantidades importantes: principalmente pescados grasos, algunos lácteos fortificados y la yema de huevo.
Además, producir vitamina D no depende únicamente de exponerse al sol. También influyen la época del año, la latitud donde vivimos, el color de piel, la edad, el sobrepeso y algunas enfermedades. Por eso dos personas con una exposición similar pueden tener niveles muy diferentes.
¿Es peligrosa la suplementación?
Un temor frecuente es la intoxicación. Sin embargo, los especialistas señalan que es una situación muy poco habitual y que, cuando ocurre, suele relacionarse con errores en la indicación o en la toma de dosis excesivas.

EL CONSEJO SALUDABLE
☀️ Sol sí, pero con cuidados
La exposición solar sigue siendo la principal fuente de vitamina D, pero eso no significa que haya que exponerse en exceso ni resignar el cuidado de la piel, advierten desde la Sociedad Argentina de Dermatología (SAD).
La SAD recuerda que una exposición mucho menor de la que muchos imaginan suele ser suficiente para sintetizar vitamina D: alcanza con exponer brazos y piernas entre 10 y 15 minutos, tres veces por semana, protegiendo siempre la cara, las orejas y el cuero cabelludo con protector solar. También advierte que esa exposición no garantiza por sí sola niveles adecuados, ya que en su síntesis influyen los múltiples factores que enumeramos más arriba.

Y un dato importante: si el riesgo de cáncer de piel es muy elevado, puede estar indicada la prohibición total de exposición solar. En esos casos, la estrategia adecuada debe evaluarse con el médico, que también podrá indicar suplementación cuando corresponda.
Por Florencia Cunzolo. Clarín. Buena Vida

















