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Un viaje al Chaco que terminó cambiando la vida de 150 familias

Texto Micaela Urdinez — Enviada especial La Nación

Durante febrero, el equipo del proyecto Hambre de Futuro, de Fundación La Nación, recorrió nueve de las comunidades más vulnerables de Chaco. Lo hizo junto a cinco ONG territoriales: La Chata Solidaria, Monte Adentro, Puentes del Alma, El Comedor del Fondo y Fundacen. Durante marzo, abril y mayo se publicaron diferentes notas que retratan cuáles son los desafíos más urgentes de los niños y de las familias en estos lugares y cuán complejo es para ellos poder conseguir mercadería durante el verano, tener agua potable o llegar a un médico. Y también se difundieron las formas que existen de colaborar y apoyar el trabajo de estas organizaciones.

 

“Ir al territorio con Hambre de Futuro es un compromiso. Es la manera de conocer la voz de las personas, de entender lo que los números no cuentan. Y para que ese conocimiento se traduzca en impacto real, es fundamental la alianza con las organizaciones sociales, que son las que están, todos los días, codo a codo con esa realidad. Trabajar en red con ellas no es una buena práctica, es la estrategia”, señala Florencia Saguier, directora ejecutiva de Fundación La Nación.

Ayuda que llega
Una de los ejes más importantes de Hambre de Futuro es mostrar que efectivamente todo el dinero recaudado se destina a mejorar la vida de las familias que se visibilizan en las notas; sillas de ruedas, freezers a gas, pantallas solares y acceso a agua potable son algunas de las donaciones que recibieron gracias al apoyo de la audiencia.

Gracias a esa cobertura, las ONG lograron juntar más de $100.000.000. Esos fondos están siendo destinados a efectivizar el acceso a derechos de las poblaciones más necesitadas. El dinero ya se está utilizando para implementar las siguientes iniciativas: asegurar dos comidas al día, sostener merenderos durante el verano, hacer tareas de investigación y control de Chagas, mejorar la asistencia en salud, ampliar el acceso a agua potable, hacer nuevas conexiones eléctricas en casas y abrir un centro de asistencia en adicciones en Miraflores.

 

La fuerza de una mujer

La historia de Eladia Esteban, una mujer que abrió las puertas de su casa para poner en marcha un merendero para que los chicos de su comunidad no pasaran hambre, fue récord de recaudación: la audiencia de La Nación aportó $18.000.000 para su causa. Su fuerza, su compromiso y sus ganas de que los niños del Lote 58, en la zona de Miraflores, no pierdan su peso durante los meses de enero y febrero, cuando no hay clases, conmovió a los lectores.

 

“Nosotros sufrimos. A algunas familias, lo que cobran no les alcanza para el mes”, decía Eladia en la nota que salió publicada en marzo. La ONG Puentes del Alma tiene presencia en la zona hace más de una década, es la que sostiene el merendero y la que asiste al comedor de la escuela. Después de discutir cuál era la mejor manera de aprovechar las donaciones para potenciar el merendero, decidieron comprar un container de 20 metros cuadrados, mesas con bancos, utensilios de cocina, garrafas y hacer una instalación eléctrica para tener un lugar seguro para guardar los alimentos y brindar la merienda a los niños.

Un espacio para el merendero
Eladia Esteban es una madre del Lote 58, en la zona de Miraflores, que junto a la ONG Puentes del Alma abrió su casa para que los chicos no pasaran hambre durante el verano; gracias a las donaciones, sumó un container y mesas para tener un lugar bien equipado

“Fue impresionante la repercusión que tuvo. Fue increíble. Recibimos un montón de llamados y más de 300 transferencias. Mucha gente consultaba cómo podía colaborar. La gran mayoría eran personas de Capital Federal, pero también mucha gente de Olavarría, Azul, 9 de Julio, en la provincia de Buenos Aires, también de Córdoba, y gente de Estados Unidos. Bastante repartido. Tuvo un impacto infernal. Estábamos todos boquiabiertos y felices”, contó Miguel Sansirena, presidente de Puentes del Alma.

 

Una comunidad comprometida

La comunidad de Hambre de Futuro que lee las notas en La Nación, ve los informes en LN+ (viernes a las 8:50) o sigue el Instagram (@hambre.de.futuro) sabe que puede hacer una diferencia en la vida de un niño, una persona o una familia. Por eso, se suma a ayudar de distintas maneras a las comunidades que protagonizan las historias que se publican.

 

Después de que el testimonio de Felipe Serrano saliera publicado, le amputaron las dos piernas y su mujer se hace cargo de su cuidado y de dos de sus cuñados enfermos, se consiguieron elementos médicos prioritarios y más de $11.000.000 que fueron utilizados para mejorar su calidad de vida y la de su familia.

 

La semana pasada, La Chata Solidaria coordinó para que Felipe y su hermano pudieran ser trasladados a Miraflores, donde los atendió personal médico de la ONG Cuerpo y Alma, les hicieron un chequeo y les ajustaron la medicación. “Prometemos que vamos a hacer lo imposible por conseguir las prótesis y que él cumpla su sueño de volver a caminar”, dice Jerónimo Chemes, fundador de La Chata Solidaria.

 

Mónica Frías es una madre que vive en el paraje San Roque y que contó que durante el verano –y ante la falta de comedor escolar– salió a cazar conejos para darle de comer a sus hijos. Cuando La Nación la visitó, casi no le quedaba mercadería. Gracias a las donaciones de la audiencia, Mónica recibió un freezer a gas, una garrafa y un panel solar. Todos estos aportes fueron canalizados por la ONG La Chata Solidaria, que conoce a las familias y las asiste en forma permanente.

 

“El freezer y la pantalla nos vino muy bien. Fue una emoción porque no me lo esperaba. Lo que tenía antes no era vida. Por el calor, porque no teníamos luz ni dónde guardar la comida. Les doy muchísimas gracias a todos por lo que han hecho por mí y por mis hijos”, dice al borde del llanto.

Luz y un lugar donde guardar alimentos frescos
Cuando Hambre de Futuro los visitó, la familia Mercado no tenía cómo refrigerar la comida y casi no le quedaba mercadería; hoy, tienen una pantalla solar que alimenta con energía la casa y un freezer para almacenar carne y frutas.

También suceden actos de generosidad inmensos que permiten impactar positivamente en toda una comunidad. “Estamos muy contentos porque arrancamos con la ampliación de la escuela de Ojo de Agua para que más chicos puedan asistir a una secundaria presencial en el Impenetrable. A partir de Hambre de Futuro, un señor donó 20.000 dólares para comprar una bomba de agua para reemplazar la que dejó de funcionar”, cuenta Chemes.

 

Las historias son muchas y cada una logró sumar aportes para potenciar su trabajo. Por ejemplo, la casa comunitaria El Cruce, de la ONG El Comedor del Fondo, ubicada en el paraje Cuatro Bocas del Impenetrable chaqueño, recibió $1.500.000 para continuar con la construcción de la nueva sede en Miraflores.

 

En el caso de la ONG Monte Adentro, logró juntar $3.800.000 en donaciones para financiar los pasajes para que 10 adolescentes de 14 a 17 años que viven en distintos parajes del Impenetrable puedan viajar a México a competir en La Copa Mundial de Chicos de la Calle. “Todo suma, para que el Impenetrable chaqueño y la Argentina jueguen este Mundial de jóvenes que busca que a través del fútbol todos tengan una vida y una mejor educación”, dice Juano Chalbaud, fundador de Monte Adentro.

 

La nota que retrataba los distintos programas que lleva adelante Monte Adentro para luchar contra el hambre en el Impenetrable, hizo un pico de recaudación alcanzando los $13.000.000 en un fin de semana. “Es otra gran envión que nos va a permitir pasos concretos muy lindos, a nivel alimentación, para asistir a los inundados y para los programas del día a día con las comunidades. También sumamos unos $170.000 en padrinos mensuales”, agrega Chalbaud.

 

Hambre de Futuro:

Esta nota forma parte de Hambre de Futuro, una iniciativa de Fundación La Nación que busca mejorar las condiciones de vida de los niños y adolescentes que viven en comunidades vulnerables.

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