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La selección les armó el programa del sábado a todos los argentinos

Hoy a las 22 una cita de 47 millones, juega Argentina contra Suiza en Cuartos de final por la Copa Mundial FIFA 2026. En esta Kansas misteriosa y con una rica historia musical, Argentina vuelve a un lugar que le cae bien para intentar meterse entre los cuatro mejores. Con alguna duda y un equipo “parecido” al de Egipto, enfrenta a Suiza en cuartos.

 

Todavía quedan resabios de todo lo que se vivió el martes en Atlanta. Las emociones, la locura de los hinchas, el llanto de Messi… Todo fue cinematográfico, digno de un guión de película. Es casi imposible pasar de un estado de desazón, tristeza y resignación casi absoluta, al delirio descontrolado en apenas diez minutos. Fue un estallido penetrante y situaciones que no dejan de ser sorprendentes. Messi llorando como un chico. Alguien que vivió y ganó todo, que tiene más títulos que ninguno y al que la gloria lo eternizará, llorando por haber ganado un partido de octavos de final ante Egipto. ¿Qué fue lo que le pasó?, ¿fue solamente el hecho de haber dado vuelta un resultado que parecía sellado en apenas diez minutos? Quizás Messi vuelva a tener esos desbordes emocionales en lo que queda de torneo y ojalá que sea porque vuelva a levantar la copa. Pero lo que Messi está viendo frente a sus ojos, es el final. Y no quiere que llegue. Pretende prolongarlo al máximo. Pero no solamente porque su “animal competitivo” lo lleva a sentirse en la necesidad de seguir ganando títulos y haciendo historia, sino porque está mirando que la línea de sentencia se acerca, que llegará el momento de decir “basta” y que dejará de hacer –al menos profesionalmente- lo que más le gusta: jugar a la pelota.

Viene Suiza. Hay que seguir en la búsqueda de la mejoría. Hay partidos que se pueden ganar “poniendo huevo” como grita la hinchada. Pero eso que es innato del jugador argentino y que esta selección tiene de sobra (y bienvenido sea), debe ser ayudado con fútbol, con rendimientos individuales que tienen que levantar, con una expresión colectiva que siga en ascenso (con Egipto jugamos mejor que con Cabo Verde) y no decaiga. Los compromisos serán cada vez más exigentes, los rivales también y no hay vuelta atrás. Con Egipto se pudo, pero eso no quiere decir que siempre se pueda.

 

Scaloni tiró una ambigüedad en la conferencia. Primero dijo que es posible que haya cambios y luego también dijo que el equipo va a ser parecido al de Egipto. ¿Cómo se debe leer?, como que la base será idéntica y que puede haber algún retoque. ¿En qué pienso?, en el sector derecho de la defensa. Ni Molina ni Montiel están en un nivel que permita elegir a uno de ellos. Molina viene jugando y Montiel, ante Egipto, fue importante bajándole la pelota a Messi en el segundo gol, yendo a ocupar una posición imprevista para un marcador de punta. ¿Bastó para ganarse la titularidad?, es probable.

 

¿Y después? Scaloni, mejor que nadie, conoce hasta la respiración de sus jugadores. Si fuese por rendimiento, De Paul no viene bien. Arrancó bárbaro, con un muy buen partido ante Argelia que estuvo opacado por el notable rendimiento de Messi. Pero después se cayó. La entrada de Paredes le hizo muy bien al equipo. Es el “5” titular y su estadística en el último partido es elocuente: dio 112 pases correctos sobre 115 intentados. Enzo no descolla pero tiene que estar. Y MacAllister sabe muy bien el libreto y ahora, que no tiene la obligación de ser posicional en el centro de la cancha, se anima a hacer lo que tiene que hacer: pisar el área por sorpresa, como en ese cabezazo luego del centro de De Paul que se convirtió en una de las tantas grandes atajadas del arquero egipcio.

Lionel Scaloni, Director técnico de la selección argentina

Julián tiene que seguir en el equipo. ¿Le falta gol?, si. ¿Sigue impreciso con la pelota?, también. Pero su presencia le otorga una cuota de despliegue y sacrificio al equipo que Lautaro Martínez no está en condiciones de dársela. Son distintos. Tienen jerarquía suficiente y no son compatibles (según lo expresó, con otras palabras, el mismo entrenador), por más que hayan jugado juntos en varias ocasiones y que Scaloni los haya juntado –por necesidad- en la parte final del último partido, hasta que el equipo dio vuelta el resultado y armó línea de cinco para defenderlo hasta el final.

 

“Suiza es un equipo duro, fuerte pero con calidad”, es el análisis que se hizo desde el cuerpo técnico. Tiene una ausencia que es notoria, la del mediapunta Mazambi, un juvenil de 20 años que milita en el fútbol alemán y es pretendido por el Newcastle. Su lugar, tal cual ocurrió ante Colombia, será ocupado por Vargas. El sistema táctico es el 4-2-3-1, por eso habrá una lucha en la mitad de la cancha para saber quién se hace cargo del dominio del juego, algo que Argentina tiene como ADN identificatorio y que Suiza tratará de peleárselo para compartirlo.

Dibu Martínez; Molina o Montiel, Romero, Lisandro Martínez y Tagliafico; De Paul, Paredes, Enzo Fernández y MacAllister; Messi y Julián Alvarez, serían los 11 de Scaloni. Kobel; Zakaria, Akanji, Elvedi y Ricardo Rodríguez; Freuler y Xhaka; Ndoye, Rieder o Sow y Vargas; Embolo, los de Yakin. El árbitro será el portugués Pinheiro, no dirigió nunca a Argentina y a Suiza lo hizo en el 4-1 ante Bosnia en este Mundial. La hora de la verdad será a las 20 de Kansas City, las 22 de Argentina. Un “programón” de sábado por la noche que nadie se perderá.

 

Enrique Cruz. El Litoral

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