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Carnicería 13 ¿Meyer y Firmat son sólo un caso aislado?

PUEBLO Regional accedió al auto de procesamiento por el que quedaron imputados de los delitos de privación ilegítima de la libertad, torturas y falsedad ideológica 6 policías de la Comisaría 13 de Firmat (hoy intervenida por el Ministerio de Seguridad). Contradicciones entre los imputados, declaraciones de testigos y un sinnúmero de registros fotográficos y mensajes de textos que intercambiaron los imputados grafican la gravedad del hecho ¿Por qué deben ponérsele fuertes límites a la policía y a la lógica de la mano dura? La respuesta: en estas páginas.

Firmat- En una medida judicial casi sin precedentes en Santa Fe (y en el marco de la causa N° 659/13) el juez de Instrucción de Melincué, Leandro Martín, procedió a la detención y el posterior procesamiento de los 6 policías que, en una tarde de locura en la Comisaría 13 de Firmat, el 29 de junio de 2013, arremetieron contra el joven Alexis Meyer, lo privaron ilegítimamente de su libertad, lo torturaron e incurrieron en falsedad ideológica para ocultar aquel raid delictivo. Meyer no habría sido el primero ni el único en padecer esta situación. PUEBLO Regional accedió al medio centenar de hojas que componen el auto de procesamiento dictado por el magistrado: testigos, pericias, reconocimientos judiciales, planimetrías e incluso fotografías y mensajes de texto fortalecen la medida judicial.

 

Los hechos según el juez

Lo que el juez Martín les imputa a José Alberto Sotelo, Edgardo Raúl Ale, Walter Gabriel Aguiar, Juan José Zanel, Matías Darío Bustos y Alejandro Darío Copetti es “que el día sábado 29 de junio de 2013, aproximadamente a las 15, el empleado policial Walter Gabriel Aguiar, junto a Matías Darío Busto, ambos numerarios de la Comisaría 13ra., de la ciudad de Firmat, privaron ilegalmente de la libertad a Alexis Alejandro Meyer, abordándolo en la vía pública, cuando se conducía en su bicicleta por calle Belisario Roldán, subiéndolo luego al móvil policial, y conduciéndolo en forma oculta hasta la Comisaría 13ra., llevándolo hacia el patio de la misma y juntamente con otros funcionarios policiales más de la dependencia, a saber, Alejandro Darío Copetti, Walter Gabriel Aguiar, Juan José Zanel y en conocimiento y con la participación del comisario a cargo, Edgardo Raúl Ale, llevaron a Alejandro Meyer al patio de la repartición y le infligieron intencionalmente dolores y sufrimientos corporales y psíquicos de magnitud, golpeándolo en todo momento en forma turnada, obligándolo a desnudarse y a pararse arriba de una rejilla, y con una manguera verde lo mojaron, y se la introdujeron en su boca ahogándolo y con un palo de escoba, al que le ataron un cable pelado y utilizaron a modo de picana, le pasaron corriente desde los pies, sacándole fotos en todo momento y amenazándolo con meterle ese mismo palo en el ano, y también diciéndole que iba a aparecer muerto en un descampado, con un tiro en la cabeza y con un arma en la mano simulando un suicidio, todo ello a los efectos de hacerle decir los nombres de las personas que estaban robando las placas del cementerio de la ciudad, finalizando el hecho porque al quedarse Alexis Alejandro Meyer con uno solo de sus atacantes, lo empuja y se da a la fuga desnudo saltando el tapial, insertando con posterioridad, el empleado policial José Alberto Sotelo, en el libro memorándum de guardia, constancias falsas sobre los hechos que el referido libro está destinado a probar”.

 

El relato de Alexis

Una vez en el patio de la Comisaría, en soledad con el personal policial, Meyer cuenta lo que le tocó en desgracia: “(…) apareció el comisario conocido como ‘Turco’ Ale, y les dijo a los policías, ‘¿no habla?’ a lo que estos dijeron ‘no quiere hablar’, señalando que le preguntaban quién fundía las placas del cementerio y quién las compraba. Que el ‘Turco’ dijo, ‘bueno yo lo voy a hacer hablar’, agarró un escobillón, le sacó la parte de donde se barre, el escobillón tenía palo de madera, era a rosca, aunque no recuerda (el magistrado se refiere a Meyer) como era el escobillón en sí, porque prestó mucha atención al palo. Dice que traen un cable blanco, de esos comunes con dos cables que salían, sin enchufe, solamente tenía el enchufe macho en una punta y el cable era de unos 6 metros de largo. El enchufe macho era finito, con las dos patitas no era para un adaptador, era de color blanco. Señala asimismo que mientras esto ocurría, uno de sus agresores, petiso, gordito, de ojos verdes o celestes,  le iba sacando fotos con el celular tipo táctil, lo hacía dar vuelta y le decía que le muestre el culo. Cuenta que Ale ata el cable al palo con el cordón de sus zapatillas y le decían que le iban a romper el culo con el palo, ahí lo comienzan a picanear y el estaba completamente mojado, desnudo, parado en la rejilla; el cable lo enchufan adentro de la Comisaría, abren una puerta de aluminio con vidrio, lo enchufan en un tomacorriente distante unos cuatro metros y le dan corriente en los pies. Suelta Ale el palo y lo agarra otro, siendo que quien agarró el cable y lo enchufó era otro policía que también estaba ahí. Dice que lo picaneaban en los pies, en los tobillos, en el empeine y las canillas. Dice que producto de esta actividad fue lesionado, que le quemaba y sentía que se le aceleraba el corazón, que el gritaba como un loco, que en todo momento lo golpearon y le decían ‘caco habla’, que lloraba y no podía ni hablar (…). Que sentía que lo quemaban, como que le quemaba las venas y le repercutía en el pecho. Dice que lo dejan de picanear un poco y un policía va a desenchufar el cable y vino Ale y dijo ‘que paren que se iban a pasar, ya que la otra vez se habían pasado con un pibe’ (…). Luego de semejante escena de tormento, el joven señala que “cuando se encuentra (solo en el patio) con uno de ellos lo empuja, lo hace caer, salta una moto 110 que estaba ahí, luego salta arriba de un Renault 12 y desde allí salta un tapial de unos dos metros que le parecía que era de ladrillos comunes y cae al patio de una casa. Ubicado ya fuera de la Comisaría corre hasta el fondo de ese patio donde había malezas altas y salta otro tapial al cual le rompió 3 ladrillos para poder saltar, pero no se lastimó, y cae en el patio de una señora que le dice “no me hagas nada nene” y entonces él le dice que lo estaban torturando”. El testimonio de la vecina que en aquel momento estaba colgando la ropa, y de la hija de esa vecina (ambos declarantes en sede judicial y que forman parte del presente auto de procesamiento); van en igual sentido de lo narrado por Meyer respecto a las condiciones de desnudez que revestía, su cuerpo lacerado y sangrante; y el estado de shock en el que se encontraba.

 

Una cacería sin justificación

El juez de Instrucción de Melincué, Dr. Leandro Martín señala en el auto de procesamiento que “de la documental secuestrada (…) intenta justificar (la defensa) la detención de Meyer con motivo de averiguación de antecedentes (art. 10 bis de la LOP), así lo dice el libro de guardia y así se labran actas de detención con una supuesta testigo de actuación de nombre Gladyz Juares que nunca firma el acta en cuestión (…)”. Y continúa: “Ahora bien, al mismo tiempo que constan dichas actas de 10 bis, y varios borradores sin terminar, el oficial declarante en autos (Sotelo fs. 183),  dice ‘que Meyer ingresa a la comisaría, llevado por Busto y Aguiar con fines de diligenciar un oficio de mesa de entradas’, el cual ya aparece como diligenciado en fecha 23/04/2013, y que indica una contradicción con lo establecido en el libro de guardia”. Y aporta otro dato más, en este mismo sentido: “El análisis del libro de guardia realizado por personal de asuntos internos que señala que durante la estadía de Meyer en la comisaría no se registra ningún llamado de personal de esa dependencia con el objetivo de averiguar sus antecedentes penales o si registraba pedido de captura”. ¿Para qué lo llevaron a la 13 entonces?

 

Testigos de la situación de tortura

Varios son los testigos que de una forma u otra aportan elementos que fortalecen la verosimilitud de la existencia de tortura y tormento que, asegura, padeció Alexis. Algunas de esas personas estaban detenidas en la comisaría en esos momentos, otros diligenciaban trámites en esa repartición y otros hasta se encontraban allí circunstancialmente. Todos concuerdan, desde distintas ópticas, en confirmar la denuncia del joven Meyer, según consta en la causa.

Uno de ellos es Ricardo Rubén Sanabria Torres (fs. 271) dice “que el día sábado 29 se encontraba en la Comisaría 13º entre las 13 y las 14 aproximadamente y mientras su esposa Nora Calisaya hacía una denuncia él (…) se fue para el lado de la puerta del garaje, y allí fue cuando escuchó como que manguereaban a alguien, advirtiéndolo porque escuchó el chorro de agua que pegaba contra una persona y alguien que se quejaba, como que sufría por el frío, como que tiritaba”. Dice que ‘cuando escuchó esos gemidos se fue para otro lado, que la voz era la de un hombre pese a que solo lo escuchaba tiritar, y pese a que pensó que se lo estaban haciendo a los santafesinos, con quien Sanabria tenía problemas, se fue del lugar, pues por más que no los quisiera a estos sujetos, no le gusta que le hagan algo así a alguien, le daba pena’. Dice textualmente: ‘No es algo normal lo que hacían, lo estaban haciendo sufrir’. Continúa Sanabria diciendo (…) ‘no pensé en (que se trataba de) Meyer, ya que este entró bien a la comisaría, no estaba sucio, estaba vestido no lo vi mojado, además entraron en una oficina’. Y agrega que ‘luego de escuchar los gemidos, se va a un kiosco y cuando salen policías afuera les pregunta quien se había escapado, pues tenía miedo que fueran los santafesinos, y le dicen que no tenga miedo, que el que se había escapado era Meyer. En ese tramo de la declaración testimonial, Sanabria Torres dice textualmente: “Me dijo que le hicieron un favor, que lo habían manguereado para sacarle el barro que tenía y lo sacaron afuera para que se seque y fue ahí cuando se escapó. Yo lo vi a Meyer cuando bajaba del móvil y no estaba embarrado”.

 

Malos tratos a otros detenidos

Otro de los testigos es Roque Sebastián Ferreyra Ortiz, quien en su testimonial (fs. 152) dice haber sido detenido el sábado 29 de junio de 2013, a eso de las 14.30,  junto a su cuñado Hernández y a un muchacho de apellido Silva por una denuncia de amenazas. Señala que cuando los agarraron les pusieron las esposas, los tiraron al piso, a él le pegaron un culatazo en la cabeza, y como sangraba uno de los policías que estaba en el lugar le puso una bolsa en la cabeza (las fotos del procedimiento pueden verse en los archivos de imágenes del teléfono Nokia N 8 IMEI 351661052166364 secuestrado en poder de Sotelo). (…) Y continúa señalando que “cuando los llevaron a la comisaría, a él lo llevan al patio y a los otros dos los meten en una pieza, dejándolo a él esposado en el patio, apoyado contra una pared, bien al lado de la puerta y lo hicieron arrodillar. Dice que estaba lleno de sangre en la cabeza. Señala que cuando llevan a Meyer al patio, pasan por detrás suyo y le empiezan a hacer preguntas, dice que le preguntaban si sabía quién andaba robando placas y textualmente dice: “El chico decía que él no sabía nada y le empezaron a pegar. Cuando le empezaron a pegar eran tres los policías, después vino un policía y me agarró y me llevó adentro y me metió en la piecita con mis compañeros. Estos nunca estuvieron afuera del patio. Cuando me iban entrando escuché que le decían a Meyer  ‘sacate la ropa, sacate la ropa’. Después empecé a escuchar los gritos de este pibe, yo pensé que solamente le estaban pegando. Se escuchaba mucho griterío y en un momento se cortó todo y escuché que decían ‘se escapó, se escapó’”.

En su testimonial (fs. 155) Mabel Graciela Ortiz señala que ese día fue a la Comisaría 13° porque le dijeron que habían detenido a su hijo Roque Sebastián Ferreyra, dice que le preguntó a un policía que estaba ahí por su hijo y este le dijo que estaba detenido. Textualmente señala: “Yo estaba parada en la entrada de la comisaría donde hay un escritorio con un teléfono, en eso escucho gritos y cuando veo que no hay policías cerca, me asomo al pasillo cuyo fondo termina en una puerta que da al patio la cual estaba abierta. Me asomé para ver si era mi hijo el que gritaba y lo veo a Meyer, persona que ya conocía de antes, que estaba en el patio, desnudo y lo estaban bañando con una manguera. Yo estaba a una distancia de 10 metros de Meyer, aproximadamente. El decía ‘déjenme, déjenme’, yo sentía una sensación terrible.”

 

El testimonio del comisario y los sms que lo desacreditan

El comisario Ale, en sede judicial (durante la indagatoria) dice “que niega el hecho, que no puede haber permitido algo así en su presencia y luego se abstiene de continuar declarando”. “Contra esta manifestación (señala el juez) no solo contamos con el señalamiento preciso de Meyer que lo ubica como autor y director del iter críminis y de su madre que lo indica atendiéndola con posterioridad al hecho, sino también con los  mensajes recibidos que dan cuenta de los reclamos de la madre el día 29 de junio, pasadas las 18 (fs. 439) y una conversación mantenida por sms, desde el teléfono secuestrado a Ale, con el teléfono que aparece como de titularidad de Copetti (fs. 438). De allí surge la siguiente conversación: el 29 de junio a las 06.28 pm recibe un mensaje que dice: “Está la vieja de Meyer acá y está recaliente. Puede venir”. Luego a las 06.38 pm recibe un mensaje que dice: “Acá está la madre de Meyer, quiere la ropa, el celu y la bici y mañana dice que se va a Santa Fe”. Pero no sólo esto aparece en la agenda del celular del comisario, pues el 1 de julio de 2013, a las 11.27, desde (el celular de Copetti) él mismo (Ale) recibe un mensaje que dice: “Acá está la Sacnun con el Meyer y la madre …”. A las 11.28 hay un mensaje en la bandeja de salida del teléfono secuestrado a Ale que dice: “Ok, bueno no se muestren mucho delante de él”. También recibe otro mensaje del teléfono que dice: “Esta Meyer dice que yo le pegué también”. Dice el juez Martín: “Estos mensajes, sumados a los recibidos el propio día del hecho, dan indicio que Ale, contrariamente a lo que pareciera surgir de su ínfima declaración, en el sentido de no saber nada de lo acontecido, ya el día lunes 1 de julio, no solo estaba al tanto de todos los hechos y de la denuncia de Meyer, sino que decía a sus subordinados que eviten ser vistos”.

 

La carnicería de la 13

A lo largo del más de medio centenar de páginas que dan cuerpo el voluminoso auto de procesamiento, el juez Leandro Martín releva una serie de acciones y procederes efectuadas por los 6 policías procesados que pivotean entre la inconducta y el proceder de una banda de delincuentes apoderados de una función del Estado. Así lo expresa, textualmente: “Debe considerarse también, al menos en el plano indiciario, la existencia acreditada de Ferreyra (una de las personas que estaban detenidas a la misma hora de ocurridos los sucesos en torno a Meyer) en la comisaría con la cabeza sangrante tal cual lo describe Meyer. Tengo en cuenta esto también, porque, en una tarde, en la Comisaría 13º, se encuentra ingresando una persona que va a ser sometida a tormentos, una que sale del patio que ya ha sido golpeada y dos madres que claman por sus hijos desde la puerta de la comisaría. Si a esto le sumamos los dichos de Meyer en relación a que Ale dio la orden de parar para no pasarse porque ya la otra vez se habían pasado con otro pibe, no puede menos que pensarse en una mecánica sistemática de golpiza y tormento a los detenidos, que es también indicativo de la verosimilitud de los dichos de Meyer”. En este párrafo el juez hace un valioso aporte (sustentado por su minuciosa instrucción) a una vieja militancia sostenida desde este periódico (como así también por distintos referentes jurídicos, políticos y sociales) sobre la necesidad de cortar la lógica autonómica (o de autogobierno) policial, y avanzar sobre un estricto control externo y civil de lo que ocurre en nuestras comisarías.

 

Tortura en la 13

En el segundo informe el médico forense Dr. Jorge Raposo (…) descarta la posibilidad que las quemaduras obedezcan al paso de corriente, pero en el informe del Instituto Médico Legal, los Dres. Rodríguez y Cadierno señalan que dicha determinación solo se puede hacer con un análisis anátomo patológico (biopsia) de las heridas”. Cuestión que Raposo no realizó: sólo realizó una revisión ocular. La estrategia de la defensa de los policías (en sintonía con el dictamen de Raposo) centró todo su esfuerzo por desacreditar la existencia de las descargas eléctricas, apuntando a hacer virar la carátula de ‘torturas’ a ‘apremios ilegales’. Este segundo delito está tipificado por el Código Penal con un castigo muy inferior al primero y, de prosperar esa iniciativa, dejaría abierta la posibilidad a los policías de atravesar el proceso que se les sigue en libertad condicional. Respecto a esto, Leandro Martín señala: “Habrá, sin duda, casos claros de tortura o tormentos, cuando se haga uso de los llamados genéricamente instrumentos de tortura, como la picana eléctrica u otros que usan ese fluido; el llamado ‘submarino seco’; el uso continuado de grilletes; el empleo de prensas sobre los miembros de la víctima (…”)  y se centra en la gravedad de los tormentos proferidos por los imputados al joven que, atravesando determinado umbral de dolor proferido, constituiría para gran parte de la doctrina y jurisprudencia el delito de torturas. Pero vuelve a la hipótesis de las descargas eléctricas (pese a no ser requisito sine qua non para que quede configurado el delito de torturas): A las discordancias entre los Informes Forenses, al menos sobre el punto de cómo descartar una lesión por paso de corriente eléctrica, se suman una serie de conversaciones por sms, que dan lugar a sospechas sobre la destrucción de elementos probatorios, en particular de una picana. La conversación por sms, se puede advertir entre los mensajes almacenados en la tarjeta SIM del celular secuestrado a Walter Gabriel Aguiar (…) y los sms almacenados en el celular secuestrado a José Alberto Sotelo (…) y se produce el día 2 de julio de 2013, un día después a que alguno de los imputados vieron a Meyer declarando en el Juzgado de Instrucción de Melincué. Desde el teléfono de Sotelo, se envía un sms al número de teléfono de Copetti, a las 22.07.08 que dice: “Che … le falta la pico al enano … me llamó un par de veces, sabes algo …?”. A las 22.13.52 se recibe un mensaje desde ese número que dice: “Ya la encontró”. A las 22.36.39 se envía un mensaje que dice: “Ok, Ok, … ahí me avisó, … me quedó la pica porque  justo que me voy le pasa eso y ya veo que se piensa que fui yo… Encima que no es putero”. Minutos posteriores, en el teléfono (…) secuestrado a Walter Gabriel Aguiar, a las 22.40.48 aparece un mensaje de Copetti, que dice: “Listo negro…Por lo menos la encontraste, prende fuego todo eso .. Lo mismo me pasa a mi … Por eso no aguanto más esa oficina”.

 

La única verdad, es la realidad

El juez Lenadro Martín se pregunta: “¿Por qué prender fuego todo, por qué no aguantar más la oficina? Estos mensajes revelan gran preocupación por la desaparición de un elemento y una vocación unívoca de destruir evidencia, entre ellos la preocupación por la desaparición de una pica o pico, pero siempre mencionada en forma femenina, dicen “la pico”, con lo cual teniendo en cuenta que se producen cuatro días posteriores al hecho y un día después que ven a Meyer declarar en tribunales, estimo que pueden considerarse como destinados a destruir prueba de tipo incriminante (…)”. Y continúa: “Por otra parte si el sujeto fue mojado, y obviamente no era con el objetivo de bañarlo, ni a su pedido, ¿por qué lo mojaron?, ¿por qué lo desnudaron para mojarlo?, ¿por qué desnudo lo mojaron arriba de una rejilla de hierro, desde donde pudo ser visto por terceros? No encuentro otras respuestas a estos interrogantes que para producir el ahogamiento en cuestión o eventualmente para pasarle corriente, tal como afirma la víctima, siendo el agua excelente conductor de la misma. Debe recordarse además que la señora Navarro (la vecina que se lo encuentra en su casa desnudo a poco de saltar el tapial en su fuga del patio de la comisaría) siempre se mantiene conteste en que ve a Meyer mojado y sangrando, particularmente en los tobillos, que es donde aparecen las quemaduras”.

 (Nota de tapa de PUEBLO Regional edición de agosto)