(PR) Hoy, 7 de mayo, se celebra el Día del Taxista en Argentina. En ese marco, choferes que trabajan frente a La Anónima, la parada más tradicional de Venado Tuerto, expusieron su compleja situación económica.
Julián lleva cinco años en el oficio y suele trabajar en la zona de la Terminal, a esta ubicación la considera un privilegio por el constante flujo de gente. Sin embargo, esa comodidad no lo exime de la necesidad de «meterle muchas horas» para que el día rinda.
Con un promedio de 15 viajes diarios, Julián explica que el equilibrio financiero es delicado:
«Me alcanza, pero depende de si lo uso bien o lo uso mal. Todo aumenta parejito: el seguro, los repuestos… uno siempre ruega que no se rompa nada, porque cuando pasa, hay que encarar los precios como vienen».


En cambio Alberto, es un jubilado que desde 2017 utiliza al taxi como un extra para llegar a fin de mes. Para él, hoy es imposible vivir exclusivamente de esta actividad si se pretende, por ejemplo, contratar a un chofer.
«No te da para poner un chofer porque ganaría más que yo», confiesa con honestidad. Alberto trabaja seis horas por la mañana y otras pocas por la tarde, adaptándose a un mercado que describe como difícil.

Tarifas y mantenimiento
En la charla, los trabajadores detallaron los valores actuales que rigen en la ciudad:
Bajada de bandera: 1800.
Ficha (cada 100 metros):200.
A pesar de que en los últimos meses hubo un aumento, los taxistas recordaron que venían de un período de ocho meses de congelamiento tarifario. El mayor peso en su economía no es solo el combustible, sino el mantenimiento integral del vehículo, lo que obliga a muchos a limitar sus servicios al radio urbano para evitar el desgaste de los viajes de larga distancia, donde aseguran que no pueden competir con los precios del remis.
Alberto destaca que la situación de la clase trabajadora media-baja es lo que más le preocupa. «Si la gente anda bien, el taxi trabaja», sintetiza.
En su día, el mensaje de los conductores de la parada de la Terminal fue de compañerismo y esperanza. Entre anécdotas de clientes que dejan propina y otros que cuentan las monedas para llegar al destino, los taxistas de Venado Tuerto siguen apostando a su oficio, esperando que, como dice Julián, «las cosas mejoren para todos».














