(Por Mauro Bertozzi) Soluciones habitacionales de los años 1915, que no alcanzan a reflejar las políticas de la “Comisión Nacional de Viviendas Baratas” bajo la ley 9677. Este organismo construyó una serie de barrios económicos, compuestos por pasajes y manzanas muy angostas y alargadas. Lo construido no llegaba a satisfacer la demanda existente, quedando claro que los siguientes gobiernos también debían hacer algo al respecto.

Si hay un diagnóstico que tiene consenso, es la falencia habitacional que sufre la «Esmeralda del Sur». Triste presente que se profundiza año tras año y que toma una referencia al momento que surgen las propuestas de los gobiernos provinciales de turno con los anuncios de «planes de vivienda».
¡Venado Tuerto recibió las 64 viviendas!, un proyecto al cual sólo le faltó ser beatificado. Fueron anunciadas en 2015, 2017 y durante 2019, terminándose de construir en 2022, para ser entregadas en agosto del corriente año.
Entre 5 y 7 años demora la Provincia de Santa Fe en promover las soluciones de complejos habitacionales para Venado Tuerto. Este dato, duro, sensible, con características obsoletas, es festejado como un éxito por la clase política, dejando en muchas plataformas su propaganda política en el desarrollo del mismo.
«La foto asevera que es el reflejo mismo del fracaso de las políticas y paliativos que se aplican hace años en la ciudad». A este ritmo vamos a tener en 20-30 años un déficit habitacional nuevo, que podría ser el doble del existente. Los planes de vivienda vigentes por la provincia en los últimos tres años han aportado a Venado Tuerto una solución que ronda el 1 % en un escenario de 5 y 8.000 familias y personas solas con necesidades de viviendas.
Sobre esta realidad se hace propaganda política en todas las plataformas existentes, utilizando recursos del Estado, propios y ajenos para visibilizar lo que hoy es un paliativo que nos lleva a proyectar a este ritmo una solución habitacional, con un tiempo de ejecución próximo a los 80 años. De forma irónica cerca del famoso bono con vencimiento a cien años del gobierno de Cambiemos.
Si a esto le sumamos que el Gobierno de Omar Perotti, canceló los planes de vivienda en Venado Tuerto del programa «Mi Tierra, Mi Casa», sistema sujeto a las políticas aplicadas del gobierno del Frente Progresista. Familias que habían sido sorteadas y tenían las gestiones encaminadas, pero no habían logrado hacer la hipoteca a favor del gobierno provincial al 10 de diciembre de 2019, esta misma decisión política (la cancelación de planes), ayuda hoy, que el déficit habitacional sea un agujero negro mucho mayor.
Estadísticamente los últimos planes de vivienda entregados en Venado Tuerto, en su relación tiempo-ejecución-calidad, no han superado la política habitacional iniciada en 1970 con el famoso plan VEA (Viviendas Económicas Argentinas), realizadas por el Estado nacional a través del Banco Hipotecario Nacional.
Para dar un ejemplo, el barrio Provincias Unidas fue construido bajo estas políticas y se entregaron 404 viviendas de 2, 3 y 4 dormitorios, en un período no superior a tres años, acompañado de una donación por parte de la empresa constructora “Cibelli Viviendas SA” de un edificio completo, la Escuela Nº 1189, Carlos J. Benielli, conteniendo ya en ese momento un centro cívico para el lugar con las dependencias de correo postal, sala vecinal, sala de primeros auxilios y destacamento policial.
Esto ocurrió en Venado Tuerto hace 50 años, y en detrimento de las clases sociales más necesitadas, las nuevas propuestas de complejos habitacionales fueron de mal en peor. Promoviendo así, parches incrustados en la ciudad sin vuelo estético y con una arquitectura que hace sangrar la vista. Podemos decir que la utilización de recursos limitados para estos planes de vivienda, arrojan un concepto donde la austeridad, humildad y la sencillez tienen que contemplar el mal gusto arquitectónico. La flamante incorporación de los nuevos funcionarios a la órbita provincial, ha puesto en evidencia con sus anuncios, que el plan habitacional recién inaugurado no llegará para dar una solución parcial o ser parte de una política de vivienda con visión estratégica, sino por el contrario, a contrapunto, llega para aumentar el escenario desfavorable de los últimos 30 años en esta ciudad.
Intento de progresismo
Revisar la historia nos compete a todos, pero en mi caso por la fluidez de mi pasión, logro encontrar esas estadísticas que nos arruinan el espíritu. A poco de los 25 años del «Mateo Fernández», complejo habitacional donde la clase política del momento sugirió oportunamente la incorporación de viviendas a la ciudad, fue modificado sobre la marcha con otro derrotero histórico para incorporar en el espacio aéreo otras 200 viviendas, (relegando toda situación de vivir dignamente), sobre la cantidad original. Es hoy que se suscitan, a pesar de algunos materiales nobles utilizados, un sinnúmero de problemas estructurales y de convivencia, sin cuantificar lo estético que sería en un plano secundario.
Hoy, en el siglo donde se hacen edificios de 1.000 metros de altura, puentes de 30 kilómetros de largo sobre un océano, y autos que se conducen solos, el gobierno de la provincia de Santa Fe, a través de la Dirección de Vivienda y Urbanismo, proyecta otro plan de 118 viviendas para la ciudad con el concepto de «vivienda Duplex». Con todo el incordio y lo obsoleto que es proyectar una vida desde un espacio así, aparentemente está planteado como una solución de urbanismo contemporánea.
Con este criterio de urbanización aplicada al aprovechamiento de espacios, se propone una idea que ha sido un éxito comercial en todo, menos para las familias que la tengan que habitar. La revista de fama mundial «Forbes» nos referencia que en Manhattan (Estados Unidos de Norteamérica), son desde 2006 las más cotizadas, que justamente para una metrópolis de esa envergadura podría ser factible. Acá, por el tipo de región donde vivimos, se podría evitar estos hacinamientos, llamados comúnmente «Palomares».
Los propios interlocutores de nuestra región toman a voz propia que una vivienda que tenga azulejos en los baños, terminaciones de yeso en las paredes y una torre de servicios cada dos viviendas, es un barrio de vanguardia. Duele escribirlo, pero o están sumergidos en un desconocimiento profesional o en un análisis supino de nuestra realidad. Esta clase de complejos habitacionales no contemplan ni la calidad de vida ni la proyección de una vida desde ese lugar. Las familias sorteadas son relegadas a viviendas precarias y un concepto de barrio desactualizado.
El anhelo final
Es necesario, casi diría, un deber, que los interlocutores locales, regionales: intendentes, concejales, senadores, diputados, asesores, ministros, de forma mancomunada aúnen fuerzas y diseñen un plan habitacional que aporte más del 1% o el 2% al escenario actual y por sobre todo al futuro plan territorial de la ciudad. La audacia en las decisiones políticas es la que hace trascender a las políticas, porque los recursos, siempre están.









