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Vuelven a sonar las cacerolas de teflón

Vergüenza de exportación. Cacerolazo argentino en Nueva York.

La moda de los cacerolazos de teflón parece no tener fin. A las bochornosas manifestaciones de los muy bien vestidos “indignados” argentinos, fogoneadas a más no poder desde el multimedio Clarín, en los últimos días se sumó la, aún más lastimosa protesta de compatriotas residentes en Estados Unidos. Si faltaba un dato para demostrar quiénes están detrás de las protestas, que no es precisamente el pueblo (es decir la clase laburante, la que se gana el pan con el sudor de su frente), alcanza con ver las imágenes de los caceroleros neoyorkinos.

Las protestas en el gran país del norte hacían foco en la soberbia presidencial, y las medidas económicas y políticas que estarían llevando al país a convertirse en una “Venezuela sin Caribe”.

“Esta mina nos está haciendo quedar mal con todo el mundo”, escuché decir por estos días en referencia al discurso que la presidenta Cristina Fernández brindó en la asamblea de las Naciones Unidas. De inmediato recordé una defensa que el escritor y conductor radial Alejandro Dolina hizo de Diego Maradona, cuando el “Diez” cargó contra periodistas y criticones de turno al lograr la clasificación al Mundial de Fútbol 2010 con la Selección Nacional, con un contundente “la tienen adentro”.

Entonces el “Negro” Dolina le respondió a una oyente que hacía hincapié en lo mal que nos hacía quedar Maradona ante el mundo: “Cipayos provincianos que quieren quedar bien con sus supuestos amos europeos. Yo no tengo ningún interés en quedar bien ante la prensa mundial. Ante quiénes tenemos que quedar bien. Ante gobiernos que aniquilan a sus enemigos. Dónde está la fiscalía del universo, ¿dónde está el reservorio moral de la humanidad? ¿En Estados Unidos, en Europa?”.

En estos convulsionados tiempos que corren, donde bajo la bandera de la “inseguridad” se acoplaron muchos que ven peligrar sus negocios turbios, todo se mezcla y se vuelca en diarios y pantallas anti K con sanguinaria morbosidad.

Parece increíble que después de la terrible crisis que atravesó el país en 2001 (similar a la que enfrentan en la actualidad España o Grecia, con saqueos a supermercados y marchas contra los ajustes ilimitados), hoy puedan tener trascendencia mediática extrema en Argentina, protestas porque no se pueden comprar dólares, o porque se debe hacer una minuciosa declaración de ingresos para realizar determinados negocios.

En que momento este país perdió la razón. En un análisis básico se debe interpretar que la mayoría de los que están protestando, si lo que los moviliza es la imposibilidad de comprar dólares a gusto y placer, en algún punto están evadiendo al fisco. Es decir, están cometiendo un delito. Ya que el motivo de las protestas, según las convocatorias vía facebook, es la inseguridad, justo sería, también, combatir a los delincuentes de guantes blancos.

Se le exige al Estado que cumpla con su rol de brindar seguridad a la ciudadanía, pero al mismo tiempo gran parte de los argentinos practica el deporte nacional de buscar las mil y una formas de evadir impuestos. Extraña vara usan los caceroleros para medir lo que está bien y lo que está mal. Mano dura para el ladrón de bicicletas, palmadas con guantes de terciopelo para los delincuentes financieros que tienen a sus empleados en negro, no pagan impuestos o remarcan precios sin ton ni son.

Para este viernes se está organizando una nueva manifestación en Venado Tuerto. Es de suponer que las consignas serán las mismas de la última vez. Atacar a un gobierno que se acordó de trabajar por los que menos tienen, aunque esto le depare el odio de la clase media a media alta, asustada de que la chusma comparta sus mismos espacios.

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