(PR/Norma Migueles) El pasado 3 de junio, miles de mujeres se movilizaron en todo el país para visibilizar una realidad que persiste en Argentina: los femicidios (incluidos los transfemicidios) continúan ocurriendo y las políticas públicas destinadas a prevenir estas violencias resultan insuficientes o directamente inexistentes. La problemática atraviesa todos los ámbitos sociales, incluso aquellos que deberían brindar protección y seguridad.
El asesinato de Agostina reavivó con fuerza el reclamo. La conmoción social recordó los días en que surgió el movimiento Ni Una Menos, impulsado también por el crimen de una adolescente de la misma edad: Chiara Páez. Más de una década después, la violencia de género sigue cobrando víctimas y generando interrogantes sobre la efectividad de las acciones estatales para prevenirla.
Hoy, la preocupación oficial parece quedar muchas veces reducida a declaraciones públicas, mientras persisten discursos y conductas marcados por una misoginia apenas disimulada. Sin embargo, el silencio no proviene únicamente de la dirigencia. Una parte de la sociedad también cuestiona y desacredita los reclamos feministas, calificándolos de “violentos”, exigiendo formas de protesta menos visibles o reprochando aquello que supuestamente no denuncian.

Las críticas suelen repetirse: que las manifestantes “no griten”, que “no dañen ni ensucien los espacios públicos”, que “también se pronuncien por los niños asesinados” o que “guardan silencio frente a las falsas denuncias de otras mujeres”. Argumentos que, en muchos casos, terminan desplazando el eje central de la discusión: la persistencia de la violencia machista y la necesidad de construir mecanismos eficaces para prevenirla, sancionarla y erradicarla.
Para algunas memorias flojas, que intentan esconder una triste realidad, con nombre y apellido, estas son «algunas» de las mujeres violentamente asesinadas en Venado Tuerto y localidades de la región, por orden cronológico:
Margarita Velázquez: era remisera, salió de su casa de Venado Tuerto el martes 27 de enero de 1998 a las 2 de mañana para hacer un viaje. La hallaron muerta a balazos y violada, en la provincia de Córdoba. Los responsables fueron cuatro menores y un mayor. Fueron detenidos y condenados. Su brutal homicidio llegó a los medios nacionales.
María del Carmen Villarroel: era trabajadora sexual, fue invitada en la noche del 29 de mayo de 2005 por tres hombres, quienes la llevaron a la casa de uno de ellos. Allí terminó su vida, con un puntazo en el corazón y asfixiada con un cinturón en el cuello. Los homicidas arrojaron el cadáver desnudo a la cava de Chaco y Comandante Espora de Venado Tuerto. Hubo dos condenados.
Alba Digiuni: la mujer fue a cuidar a su sobrino-nieto el 19 de marzo de 2007. Horas más tarde, su sobrina la halló muerta en la habitación, tenía heridas provocadas con arma blanca y golpes en la cabeza. Por esta muerte fue detenido la ex pareja de la dueña de casa. Posteriormente, el joven fue absuelto en primera y segunda instancia. Un crimen que quedó impune en Venado Tuerto.
Idalina Blanco: apareció muerta y semienterrada en el patio de su casa, en barrio lturbide de Venado Tuerto. Su muerte quedó impune, no hubo detenidos.
Lourdes M. Pallota: fue muerta el 6 de diciembre de 2007 en Wheelwright, cuando tenía 7 años. Tras estar desaparecida varios días, un niño halló su cuerpo en una bolsa en una casilla del gas. Por el hecho detuvieron a la abuela de la pequeña, María de Galeano, quien la golpeó con un palo en la cabeza produciendo su muerte. Era una víctima de constante de malos tratos.
María Dominga «Nano» Biletto: fue hallada sin vida el último día de 2008 en una obra en construcción en San Eduardo. Tenía 14 años y el ex novio, un joven de 20 años le asestó seis puñaladas. El femicida todavía purga condena.
Analía Verónica Carrizo: falleció el 1° de enero de 2010 en una vivienda de barrio Villa Casey, Venado Tuerto, Santa Fe, como consecuencia de haber recibido 6 puñaladas. Detuvieron como principal sospechoso a su pareja.
Carolina Bertozzi (18 meses de vida): luego de varios días de agonía, la criatura murió en el hospital. El culpable sería su padre Omar Bertozzi, de 46 años, quien el 17 de enero de 2010 atacó a golpes a su hijita y a su esposa Liliana, en su vivienda de Elortondo. El agresor se quitó la vida ahorcándose.
Hilda Amaya: Una humilde mujer de 59 años que fue encontrada muerta a puñaladas el 19 de enero de 2010 en su casa de San Gregorio. Su perro también fue atacado y yacía muerto junto a ella. Tras cometer el violento asesinato, los responsables incendiaron a la víctima. No hay detenidos y su muerte quedó impune.
Romina Tudor: fue brutalmente asesinada el 25 de agosto de 2013 a primera hora de la mañana por su ex pareja en Venado Tuerto. El hombre ingresó a la vivienda de Balcarce y 25 de Mayo y le dijo que quería hablar. Cuando salieron a la calle le asestó varias puñaladas letales y luego huyó mientras ella moría desangrada solicitando ayuda en lavía pública. El autor fue detenido y condenado.
Silvia Ciarrocchi: tenía un quiosco en su propia casa de Rivadavia y Juan B. Justo en Wheelwright, donde apareció muerta en la mañana del 20 de febrero de 2014. Tenía un fuerte golpe en la cabeza, por lo que en principio se creyó que era producto de un disparo. Además, tenía lesiones en distintas partes del cuerpo y, sobre todo, en una mano, al parecer por un golpe con un elemento contundente. No hubo detenidos y su muerte está impune.
Chiara Páez: adolescente de 14 años asesinada a golpes en Rufino, el 10 de mayo de 2015. Su cadáver fue hallado enterrado el patio de la casa de su novio, Manuel Mansilla, de 16 años. Chiara estaba embarazada de tres meses. El joven fue condenado, pero esa sentencia está en revisión.
Patricia Ceballos: madre de cinco niños, fue asesinada por su esposo el 16 de noviembre de 2016 en Venado Tuerto. El hombre sometía a la familia a situaciones de extrema violencia, al punto que algunas veces los vecinos llamaron a la policía. En una situación de exclusión de hogar llevó a su mujer a un galpón donde la mató a puñaladas, luego durmió toda la noche con ella. Al día siguiente cuando llegó la policía se quiso suicidar. Fue condenado por el femicidio y por abuso de la hija de su esposa.
Lorena Osuna: falleció en el Motel JR de Firmat, el 13 de abril de 2018. Fue invitada junto a tres hombres y otra mujer -todos adultos-, a una fiesta de drogas, ella tenía 16 años. A la madrugada sufrió un paro cardiorrespiratorio y luego fue trasladada por una ambulancia hacia el Hospital San Martín local, donde falleció.
Caterina Quinteros: tenía de 19 años y fue asesinada a puñaladas por su expareja en la ciudad de Rufino, el 14 de febrero de 2018. Tiempo atrás, ella había denunciado por violencia de género a Walter Cejas y la Justicia dispuso una orden de restricción. Pero esa medida no pesó para el agresor, quien ingresó a la casa de la víctima, la arrastró hasta el patio, la acuchilló y escapó. Quedó detenido.
Julieta Del Pino: en la noche del 25 de julio de 2020 (en plena cuarentena) la joven avisó a su madre que le calentara la comida, que ya salía de trabajar en un comercio de Beravebú e iba a su casa. Nunca llegó y la búsqueda llevó a los investigadores a un pozo, en cuyo interior hallaron el cuerpo de la joven, enterrado y cubierto con cal. Era la vivienda de su expareja, Cristian Romero, quien fue condenado a prisión perpetua.
María Fernanda Vescovo: fue asesinada por su esposo a balazos en la casa familiar de la localidad de Hughes el 21 de julio de 2021. El hijo menor de la familia dio aviso a la policía. El hombre se entregó a las pocas horas en la Alcaidía de Melincué. Fue condenado a prisión perpetua en juicio abreviado.
Claudia González: el brutal femicidio se produjo el sábado 18 de septiembre de 2021 sobre Ruta Provincial 90 en jurisdicción de Elortondo. Un policía que era expareja de la mujer, la persiguió y obligó a detener usando la fuerza policial. Posteriormente, hizo alejar al hombre y padre de su hijo que la acompañaba y le efectuó un disparo mortal a la mujer, pretendiendo incluso matarlo luego a él también. El autor fue condenado a prisión perpetua.
Marina Espíndola: El femicidio ocurrió en la madrugada del 25 de enero de 2022 en Murphy. La víctima, de 42 años, y madre de tres hijos fue ultimada por su expareja, el policía Gabriel Olegario Robles, de 49, quien la asesinó de un certero balazo con su arma reglamentaria y luego se descerrajó un disparo que acabó con su vida, horas más tarde, tras ser trasladado al hospital de Venado Tuerto.
Francina Arroyo: la joven de 25 años fue asesinada de una puñalada en el cuello en septiembre de 2022 en Teodelina. En un primer momento se presentó en sede policial una joven de 22 años, diciendo que era la autora material del crimen, pero después se supo que el objetivo pasaba por encubrir a su hermano, de 15 años, quien sería el que asestó la puñalada mortal a la víctima.
Érika Ávalos: fue atacada con 17 balazos el 28 de diciembre de 2022 en la vía pública de Firmat. La mujer estuvo internada en estado crítico en el hospital Gutiérrez y terminó perdiendo la vida tres días después. El brutal asesinato se registró en inmediaciones de calles San Juan y Tiro Federal, barrio Carlos Casado. El «Bicho» Álvarez fue condenado como autor intelectual del crimen mientras estaba detenido por trafico de drogas. Dos sicarios fueron detenidos.
Stella Eidner: su marido inculpado la esperó escondido detrás de un montículo de arena y la apuñaló en la madrugada del 28 de setiembre 2023, en Venado Tuerto. Luego huyó y se fue a trabajar, mientras su hijo salió a la calle tras escuchar los gritos y la encontró a su madre muerta. El femicida descartó las prendas de vestir y el cuchillo. Luego se presentó en la escena del crimen como una víctima. Fue condenado a prisión perpetua.
Vanesa Jazmín Quiroga: Fue encontrada sin vida en septiembre de 2025, en Ruta Nacional 33, a la altura del kilómetro 617 (entre Venado Tuerto y Sancti Spíritu). La autopsia determinó que las causas de la muerte se atribuyen a que fue embestida por un vehículo, lo que provocó su deceso. Nadie denunció el accidente y Vanessa murió sola y abandonada.

















