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«El gran pez» se tragó a Venado

En el Berretín. Alejandro Balbis.

El músico uruguayo Alejandro Balbis ya creó un vínculo con Venado Tuerto, ciudad que visitó dos veces en menos de cuatro meses. En la primera ocasión realizó tres presentaciones durante un fin de semana en El Berretín de Lee Debord, solo con su guitarra, para ofrecer en un marco intimista sus canciones y su voz a un público que no paró de aplaudir. Posteriormente, el sábado 1 de diciembre llegó con toda su banda para actuar en el Teatro Ideal, donde otra vez recibió una gran ovación.

A continuación, la entrevista realizada durante la primera visita de Balbis a la ciudad:

Balbis parece meditar cada palabra, con ese hablar pausado tan propio de los uruguayos, tratando de explicar cómo fue que “El gran pez”, su excelente primer disco solista, le permitió llegar a públicos tan diversos. El disco todavía está abriendo puertas, y eso que salió hace tres años. “Nosotros vamos a seguir golpeándolas, y que se abran ya es una bendición porque yo soy músico hace 30 años y hubo que caminarla”, acota el uruguayo.

Yo quedé muy conforme desde todo punto de vista con el disco, y hasta me sorprendió porque no deja de ser el primer disco. Yo sé que hay mucha gente que me conoce de antes de alguna cosa, pero la pregunta recurrente de los últimos 12 años era ‘para cuándo el primer disco’, y llegó un momento en que se fue creando una necesidad”, aseguró Balbis.

– ¿Saliendo al interior pudiste encontrar un lugar más parecido al Uruguay, desde donde se piensa que Argentina es Buenos Aires?

– El imaginario del uruguayo está acostumbrado a un lugar relativamente pequeño, porque recorrés 500 kilómetros y ya estás en otro país. No hay real noción del conglomerado humano que significa la Argentina, que es muchos países en uno, cada uno con su realidad, su gente, su forma de ser y sus acentos. En Uruguay también hay diferencias, pero todo más reducido, por eso es muy difícil concebir lo que es Argentina desde adentro de tu comarca, no todos somos Borges, que entendió el mundo adentro de una biblioteca. Por eso tenés que salir y ver.

– ¿Y en el público notás diferencias?

– La receptividad del público es la misma en Buenos Aires y en el interior, lo que me asombra es lo que me pasa con los niños, que me escriben cartas y me hacen dibujos. Inclusive hay lugares donde voy seguido y los niños que tienen entre 3 y 9 años hacen una especie de pogo delante de mí, cantando todas las canciones. Eso ha sido una devolución imprevista.

Durante sus recitales, Alejandro Balbis suele tomarse un tiempo para contar las historias que bordearon muchas de las canciones que compuso: “Me gusta contextualizar ciertas canciones, y otras me gusta dejarlas al libre albedrío de quien la escucha. Por ejemplo la sobrina chica de Mario Carrero (el de Carrero-Labarnois) está convencida de que la canción ‘Quién’ se la hice a mi hija, pero yo no tengo hija, sino un hijo. Y la realidad que en el verano del 2003, que fue terrible en Uruguay, con una amiga quisimos hacer un tema playero que pegara”.

– ¿Y pegó?

– No (risas). Pero igual está en el disco y es parte de los colores que tiene “El gran pez”, un tema que intentó ser popero y quedó así.

– ¿Sos consciente de que se va a generar toda una expectativa en torno al sucesor de este disco?

– Sí, igual ya tengo uno de los puntos para hacer la diferencia, que es la producción artística con la que voy a trabajar, que son Julio Berta y Rodrigo Gómez, que son dos nombres para la gente, pero producen El Cuarteto de Nos, los últimos discos de La Vela Puerca. Con Julio hemos trabajado mucho, hasta hicimos música para ballet para el teatro nacional de Berna (Suiza). Y estar rodeado con gente de ese nivel te abre la cabeza y te saca del lugar donde estás siempre, que no tiene nada de malo. Pero esto te enriquece.

 

De Mateo y la cultura

A mí me ponen nervioso las culturas que tienden a lo conservador. Pasa mucho con los artistas por diversas razones, lo que no me banco es que sea por mezquindad. Si es porque no sabe hacer otra cosa, está bárbaro porque lo seguís haciendo y la gente te sigue yendo a ver, sos un crack porque no te pintás de otra cosa. Ahora, el que se sienta sobre su fórmula puede tener sus razones, y en realidad los músicos que encuentran una fórmula y de toque se van para otra han sido muy pocos. Acá lo hizo el Flaco Spinetta y no sé si algún otro… Mateo en Uruguay, que ni bien tenía éxito con lo que estaba haciendo, arrancaba para otra cosa. Hay gente que le tiene miedo al éxito, pero Mateo le tenía miedo a otras cosas, porque era su forma de ser. Si consideraba que tenía que irse, decía que se iba a comprar cigarros y no volvía más”, teoriza el uruguayo.

Para avalar su pensamiento, Balbis cuenta una anécdota: “En los años ’70, grabando su primer disco con el (Carlos) Piris en Buenos Aires, empezó a grabar solo un montón de cosas y de golpe se aburrió, se quiso ir a Brasil, no le dijo nada a nadie y no volvió nunca más. A los años el Piris agarró eso, mezcló lo que había y salió un discazo que se llama ‘Mateo solo bien se lame’”.

– Con Mateo se dio el fenómeno de que no se lo comprendió en vida y se lo glorifica después de muerto.

– Y sí, como tantos. Quiero creer que existen países que tienen políticas de estado fuerte para proteger a ese tipo de gente, pero me gustaría que existieran acá, fuertes políticas para proteger a ese tipo de artistas que pueden no haber sabido construir una fortuna pero un tipo de la dimensión artística de Mateo no puede haber quedado en la pobreza. Un Estado no puede permitirse semejante barbaridad. Capaz que el trabajador común te dice que no tiene por qué pagar de sus impuestos la vida de un atorrante que no labura y vive en pedo, pero capaz que sí hay que hacerlo porque no es cualquier atorrante, es un tipo que le dio una vertiente cultural al país y nos sirvió a todos lo que hizo.

 

Entre dos patrias

– ¿Qué cosas de Uruguay añora estando en Argentina?

– Yo voy tan seguido que no llego a extrañar, por ahí estoy 20 días sin ir y me dan ganas de caminar por la rambla, pero tengo la necesidad de ir por laburo y nunca sufrí desarraigo, mis amigos son los mismos de siempre. Yo soy un afortunado porque tengo doble patria, sabé qué…

– ¿Y a los argentinos que cosas nos seducen de los uruguayos?

– Yo creo que hay un imaginario muy positivo sobre el Uruguay, que es una construcción de relato aunque bastante particular. El imaginario del uruguayo sobre Argentina es muy diferente, y creo que es producto de ciertos intereses para que eso sea así. Pero no creo que nadie haya invertido un centavo para que el argentino piense bien de los uruguayos, y sin embargo esa construcción de imaginario positivo existe, capaz que porque es verdad. Yo siempre digo que los argentinos aman Uruguay porque nunca van en invierno, ahí te quiero ver (risas).

– ¿Qué pasa en invierno?

– Uruguay es más duro en invierno por muchos aspectos, somos menos entonces hay menos de todo. Los energéticos son exorbitantemente caros, unas quince veces más, entonces te cagás de frío mal en todos los lugares. Yo descubrí el confort del invierno argentino porque pensaba que estaban locos por cómo prenden las estufas. A mí me asombraba que la prendían todo el día y descubrí que la prenden todo el invierno, y eso era inconcebible. Para mí el invierno era cagarse de frío en todos lados, andar de gorra y bufanda hasta adentro de tu casa. La sociedad uruguaya es mucha más austera, ahora está un poco más consumista, pero no hay comparación con lo que pasa acá. Las mismas cosas que acá duran un año, allá duran tres; pero no solo lo material, las amistades capaz que también. Buenos Aires te lleva a que todo se recicle de una forma cada vez más rápida, inclusive las relaciones interpersonales. Cada tres o cuatro años la gente renueva su círculo, entonces ya no tiene amigos de la niñez.

– ¿Y qué diferencias observás?

– Hay costados de la vida argentina que son muy temperamentales, todo muy efusivo. Y en ese sentido yo sigo siendo uruguayo, austero hasta en la forma de ser. Y a veces esas cosas son muy álgidas y dolorosas, como por ejemplo la política, que es muy enfrentativa, yo concibo la democracia de otra forma y eso me ha costado no involucrarme porque es imposible meterse en política en Argentina y no salir lastimado.

Fuente RockVenado

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