Como parte de la agenda que trajo a Venado Tuerto a los coordinadores del libro «Innovar en Red: Transformar la educación desde la formación docente inicial y continua», el doctor Andrés Peregalli y la magíster Valeria Dellavedova, ambos de la Universidad Católica Argentina (UCA), mantuvieron este viernes un encuentro con la prensa local para profundizar sobre el modelo de Aprendizaje Inclusivo y Efectivo (AIE) que impulsan desde hace más de una década.
La actividad se dio al día siguiente de la presentación oficial de la obra, realizada el jueves en la Sala de Conferencias de la Asociación Española, organizada en conjunto por el Taller de Nazareth y el Instituto Católico de Educación Superior (ICES).
Un vínculo que ya lleva ocho años

Quien abrió la charla fue la directora del Taller de Nazareth, Patricia Pisari, quien puso en valor el trabajo conjunto entre ambas instituciones. Recordó que la relación con la UCA se sostiene desde 2018 y remarcó que el objetivo de la jornada era generar un espacio íntimo de trabajo con los propios docentes de la casa para seguir avanzando en ese camino.

Por su parte, la directora del ICES, María Elena Vicente, también acompañó el encuentro y destacó la posibilidad de generar espacios de intercambio en torno a los desafíos que atraviesa hoy la educación.
Saber, hacer y ser: las bases del modelo AIE
Consultado sobre en qué consiste la propuesta, Peregalli explicó que el AIE pone el foco en lo que ellos llaman aptitudes: combinaciones complejas entre saber, hacer y ser. Según detalló, el libro recorre la experiencia de una red que ya integra a más de 100 instituciones educativas con más de diez años de trabajo, y que persigue un doble objetivo: acompañar a las escuelas en sus procesos de innovación y, al mismo tiempo, dar marco a las prácticas de los futuros docentes que se forman en la universidad.
La publicación está dividida en dos partes. La primera desarrolla los fundamentos conceptuales del modelo, la noción de innovación y el funcionamiento de la red, con recursos interactivos y códigos QR incluidos. La segunda reúne los relatos en primera persona de doce instituciones —entre ellas el Taller de Nazareth e ICES— que cuentan cómo atravesaron su propio proceso de cambio, con sus resultados y también sus dificultades.
Peregalli citó además al Papa Francisco y al Papa León para definir el espíritu de la propuesta: la intención, dijo, es que la red funcione como una «constelación de esperanza» que conecta instituciones de distintos niveles socioeconómicos y regiones del país, con la participación de investigadores y docentes de otros lugares del mundo.

Diez años después, los primeros resultados
Sobre los resultados concretos de una década de trabajo, Peregalli mencionó avances en tres planos: en la gestión institucional, con una misión y visión construidas en conjunto; en el aula, con aprendizajes más profundos, trabajo en equipo y abordajes interdisciplinarios; y en la red misma, a través de la interconexión entre instituciones y personas.
Ante la consulta sobre cómo se articula este enfoque con la currícula oficial, reconoció que se trata de un desafío, ya que a nivel mundial crece la tendencia a enseñar por capacidades o competencias, aunque persisten resistencias en algunas provincias y países. Sostuvo que en la Argentina se viene incrementando la cantidad de jurisdicciones y normativas que traccionan hacia este tipo de modelos, en momentos en que —dijo— la educación necesita dejar de limitarse a lo disciplinar para integrar el contenido con el hacer y con una dimensión ética.
Al ser consultado por los resultados de las pruebas PISA, admitió que el sistema educativo argentino enfrenta grandes desafíos, pero insistió en que modelos que integran cabeza, corazón y manos apuntan a lograr aprendizajes profundos y sostener la curiosidad de los estudiantes.

«Los docentes nunca están preparados»
Uno de los pasajes más citados de la charla giró en torno a la formación docente. Consultado sobre si los educadores están en condiciones de asumir estos cambios, Peregalli fue categórico: los docentes nunca están preparados, del mismo modo que los chicos tampoco lo están. Pero aclaró que esa frase no debe leerse como una parálisis, sino como una invitación permanente a mejorar y animarse a nuevos marcos que profesionalicen la tarea docente.
Consultado sobre qué significa innovar en la práctica concreta, explicó que la innovación implica una disrupción profunda en lo que llamó el «triángulo didáctico»: el modo en que se entiende el conocimiento, la enseñanza, el aprendizaje y también la organización institucional. Puso como ejemplo la necesidad de contar con horas destinadas específicamente al trabajo en equipo entre docentes, algo que muchas veces no está garantizado, aunque se pida innovar.
Como caso concreto de aprendizaje profundo, mencionó los procesos de metacognición: estudiantes que logran reflexionar sobre su propio proceso, identificar en qué son fuertes y en qué necesitan crecer, lo que —según explicó— los deja en mejores condiciones para seguir aprendiendo.

«Traer el mundo al aula y llevar el aula al mundo»
Valeria Dellavedova aportó un ejemplo concreto vivido en Venado Tuerto: contó que en la escuela existe una guardia periodística conformada por estudiantes, quienes la noche anterior habían cubierto la presentación del libro hasta pasadas las ocho y media.
Para explicar el concepto de innovación, citó a un colega al que describió como autor, quien la define como una fuerza presente en escuelas, instituciones, educadores y políticas públicas, cuya función es encender o recrear el deseo de aprender. Dellavedova señaló que la escuela suele arrastrar un fuerte atraso respecto del mundo que rodea a los chicos, y que ese desfasaje explica buena parte de la desconexión y la falta de motivación de los estudiantes. De ahí, dijo, la importancia de «traer el mundo al aula y llevar el aula al mundo» como primer paso para generar interés genuino.
El derecho a aprender, en un contexto difícil
Consultada sobre los condicionamientos sociales, económicos y alimentarios que atraviesan a buena parte de los estudiantes del país, Dellavedova no eludió la dureza del diagnóstico y remarcó que se trata de una realidad que se repite a diario en distintos puntos de la Argentina, sin que eso responda a la falta de voluntad de los docentes ni de ganas de los chicos, sino a condiciones que muchas veces no están dadas.
Aun así, expresó su deseo de que cada estudiante argentino pueda contar con al menos un maestro capaz de encender en él las ganas de aprender, en tanto entiende que la educación es la vía para formar ciudadanos libres, con capacidad de soñar y de sostener ese sueño como proyecto de vida.
















