(PR/Pablo Salinas) El fútbol tiene esa capacidad única de detener el tiempo, de igualar las diferencias y fundir a una sociedad en un solo color: el celeste y blanco. Durante un mes, los habitantes de Venado Tuerto vivieron pegados a la pantalla, acompañando cada paso de la Selección Argentina en un Mundial de Estados Unidos, México y Canadá que quedará grabado en las pupilas de todos.
El Centro Cultural Municipal se convirtió en el templo local de la esperanza, un espacio común donde las entradas se agotaban días antes de cada cita para compartir el sufrimiento y la alegría colectiva.

El camino fue arrollador. El plantel conducido por Lionel Scaloni y liderado en cancha por un eterno Lionel Messi fue superando obstáculos con autoridad en el Grupo J y batallando con el corazón en las llaves de eliminación directa.

El punto máximo de efervescencia en la ciudad se desató aquel miércoles de semifinales, cuando la histórica remontada ante Inglaterra hizo explotar la esquina de Belgrano y 25 de Mayo en un festejo inolvidable.

Sin embargo, el destino tenía preparado un cierre distinto en la gran final de Nueva Jersey. Ante una España implacable, el arco se cerró y un gol agónico en el alargue rompió la ilusión del bicampeonato.
La plaza San Martín, que días atrás desbordaba de fiesta, este domingo sólo mostró un abultado operativo de seguridad que quedó de adorno ante una tristeza mansa que movilizó a un puñado de agradecidos a reconocer el esfuerzo de los jugadores. Como cantaba Serrat, la fiesta llegó a su fin, pero nadie podrá quitarle a los venadenses los abrazos compartidos y los gritos de gol que unieron a la ciudad.

















