Al finalizar dos períodos consecutivos como presidenta de la Comisión Vecinal, Evangelina Rodríguez Bustamante realizó un balance de una gestión marcada por la llegada del alumbrado público, la recuperación de calles y accesos y la defensa de la identidad ambiental del barrio. “Quedan desafíos pendientes, pero hoy los vecinos viven en un barrio distinto”, afirmó.
El próximo 25 de octubre, Venado Tuerto renovará las autoridades de sus 27 comisiones vecinales. En el barrio Favaloro, esa elección marcará también el cierre de una etapa: después de casi cuatro años y dos mandatos consecutivos, Evangelina Rodríguez Bustamante dejará la presidencia de la vecinal.

Mientras prepara la documentación que deberá entregar a las próximas autoridades, la dirigente decidió repasar el camino transitado junto a los integrantes de la comisión y los vecinos que acompañaron su trabajo. No se trata solamente de enumerar obras, sino de mostrar cómo distintas gestiones modificaron aspectos concretos de la vida cotidiana en un sector que durante muchos años acumuló necesidades básicas sin resolver.

Abogada, jueza de Faltas de Amenábar, secretaria de la Asociación Española de Socorros Mutuos de Venado Tuerto y miembro del Tribunal de Disciplina del Colegio de Abogados de la Tercera Circunscripción Judicial, Rodríguez Bustamante condujo una vecinal con una realidad territorial diferente a la de otros puntos de la ciudad.
El Favaloro está delimitado por las calles Maradona, Lifschitz y Circunvalación y por la Ruta Nacional 33. En su interior conviven viviendas permanentes, zonas de quintas, grandes espacios verdes y manzanas todavía sin urbanizar.
“Es un barrio extenso y con una composición muy particular. Hay sectores con numerosas familias y otros que aún conservan características rurales. La tranquilidad, la naturaleza y la calidad del entorno son valores que siempre intentamos proteger”, explicó.
Un barrio que empezó a iluminarse
Uno de los cambios más significativos fue la incorporación del alumbrado público. Al comenzar la gestión, el interior del barrio prácticamente no contaba con iluminación, lo que generaba dificultades para circular y aumentaba la sensación de inseguridad.
A partir de los reclamos y las gestiones realizadas, se instalaron luminarias en diferentes puntos y también se mejoró la iluminación del ingreso por calle Lifschitz.
“Para muchos barrios contar con alumbrado puede ser algo normal. Para nosotros significó un avance enorme. Cambió la circulación nocturna y la manera en que los vecinos podían transitar y utilizar los espacios del barrio”, señaló Rodríguez Bustamante.
La transitabilidad fue otro de los ejes centrales. Durante años, las lluvias dejaban calles intransitables, vehículos encajados y familias con serias dificultades para entrar o salir.

Los trabajos de mejorado y colocación de piedra permitieron revertir buena parte de esa situación. Actualmente, incluso el colectivo del Centro de Acción Regional puede ingresar al barrio, algo que anteriormente resultaba muy difícil.
“Antes había vecinos que, cada vez que llovía, no sabían si iban a poder salir de sus casas. Hoy esa realidad cambió. Todavía queda trabajo por hacer, pero la mejora es muy importante”, expresó.
Entre las intervenciones realizadas también se encuentran la limpieza de zanjas; la reparación, ampliación y poda integral de calle Maradona; y la apertura de calle Alfaro, entre las calles 25 y 29.
A esas tareas se sumaron la instalación de nomencladores y cartelería, la colocación de reductores de velocidad, el mantenimiento del césped en veredas y espacios comunes y la incorporación de una canilla de agua potable para uso de los vecinos.
Gestionar también fue ordenar
La actividad de la comisión no quedó limitada a los trabajos de infraestructura. Una parte importante de la gestión estuvo vinculada al ordenamiento de las actividades que fueron creciendo en el barrio y a la prevención de conflictos entre los distintos usos del suelo.
La proliferación de quintas destinadas al alquiler temporario y de canchas de fútbol demandó una intervención sostenida ante el Municipio, debido a los inconvenientes que podían ocasionarse para quienes residen allí de manera permanente.
“Entendemos que las actividades pueden desarrollarse, pero tienen que hacerlo dentro de un marco que garantice el descanso, la seguridad y la convivencia. Por eso hicimos los planteos correspondientes y esperamos que se continúe avanzando en su regulación”, indicó la presidenta vecinal.
La comisión también expresó su oposición a la posibilidad de instalar una planta de reciclado en el sector. La postura no implicó un rechazo al crecimiento, sino la defensa de un modelo de desarrollo compatible con las condiciones ambientales y residenciales del Favaloro.
“El barrio necesita seguir creciendo, pero no de cualquier manera. La flora, la fauna y el contacto con la naturaleza forman parte de su identidad. El progreso debe ser compatible con la preservación de esas características”, sostuvo Rodríguez Bustamante.
Durante estos años también se realizaron gestiones relacionadas con el control de la aplicación de productos fitosanitarios, el cuidado del arbolado público, la presencia de perros sueltos, diferentes situaciones de inseguridad, la necesidad de reforzar los patrullajes y el ordenamiento del tránsito en los momentos de mayor circulación.
Los servicios que siguen pendientes
Pese a los avances alcanzados, el barrio todavía carece de servicios esenciales, entre ellos cloacas, gas natural y pavimento. Son obras que exceden las posibilidades de una comisión vecinal, pero que continuaron integrando la agenda de reclamos y gestiones.
Para Rodríguez Bustamante, el desafío de los próximos años será avanzar en la urbanización sin alterar la fisonomía que distingue al sector.
“Sabemos que faltan servicios fundamentales y que los vecinos los necesitan. Al mismo tiempo, muchas familias eligieron vivir aquí por la tranquilidad y el entorno natural. El objetivo debe ser mejorar la calidad de vida sin perder aquello que hace diferente al Favaloro”, afirmó.
Una tarea voluntaria y colectiva
Sin contar con una sede propia, la comisión logró sostener reuniones y canales de comunicación para recibir inquietudes, establecer prioridades y efectuar el seguimiento de cada pedido presentado.
Rodríguez Bustamante destacó especialmente el carácter voluntario de esa tarea. Tanto ella como los demás integrantes de la comisión dedicaron tiempo y trabajo sin percibir remuneración, con el único propósito de representar a los vecinos y procurar mejoras para el lugar donde viven.
La visibilización pública también fue parte de la estrategia. La difusión de los reclamos y avances a través de los medios locales permitió que las necesidades del Favaloro fueran conocidas por el resto de la ciudad y contribuyó a sostener las gestiones ante las autoridades.

“La Municipalidad escuchó y acompañó muchos de nuestros pedidos, y eso corresponde reconocerlo. Pero cada resultado tuvo detrás una comisión y vecinos que insistieron, acercaron propuestas y dedicaron su tiempo para que las cosas sucedieran”, remarcó.
Al concluir su segundo mandato, Rodríguez Bustamante agradeció la confianza recibida y el acompañamiento de quienes integraron la comisión, los vecinos y las distintas áreas municipales.
“Me voy con la tranquilidad de haber trabajado con responsabilidad y de haber defendido siempre los intereses del barrio. Quedan asuntos pendientes, como sucede en toda gestión, pero también queda una base más sólida para que quienes continúen puedan seguir avanzando”, concluyó.
















